Es frecuente encontrar a gente que te dice "es lo mismo cualquier religión", o "es el mismo Dios en todos lados". Es curioso que también la misma gente, en muchos casos, al decirlo, tampoco tiene una relación con él. No tiene una religión o bien, no tiene una relación con Dios. Es tan lo mismo que es lo mismo que nada.
Las experiencias conocidas de los fanatismos religiosos reafirman el otro pensamiento muy ligado a estos: "es mejor ninguna religión".
En conclusión, una desilusión de la posibilidad de entrar en la presencia de Dios, de conocerlo y de que signifique algo más que el hecho de explicarnos a nosotros mismos quiénes somos y cuánto valor tenemos. Así, Dios se ha convertido en un personaje simpático para unos, que bendice, que hace milagros; y que, en otras ocasiones, es digno de enojo por no haber hecho, por no haberse acordado, por no haber impedido, porque hay injusticia en el mundo, por... todos los males que nos suceden y de los que no se hace cargo.
Uno y otro Dios, el de los fanáticos, el de los enojados, el de los indiferentes, es un Dios manejable, manipulable, que es el todopoderoso de acuerdo a mi parecer, a mi querer. Para completar el cuadro no faltan los que dicen que ese Dios eterno y todopoderoso, la suma bondad y el bien debe ser inasible, debe estar por encima de nosotros y hasta de nuestras necesidades, porque es tan perfecto y tan eterno que llegar a él y alcanzar la unión con él es posible cuando salimos de nosotros mismos, de nuestros sentidos y hasta de nuestras experiencias, porque esas experiencias son las que lo limitan y terminan haciendo una caricatura de él.
Muchos católicos así lo viven, de un modo y de otro. ¿Y cuál de todos estos es tu Dios?
Cuando Felipe le dice a Jesús "muéstranos al Padre y eso nos basta" quiere llegar a ese Dios imaginado a causa de la predicación de Jesús. Para Felipe, que se ha ido formando una imágen de Dios al escuchar a Jesús, ese Dios está en alguna parte, pero no está donde él, Felipe, está. La respuesta del Señor es contundente "¿Tanto tiempo hace que estoy con ustedes y no me conoces? Quien me ha visto a mi, ha visto al Padre". La pretensión de Jesús es realmente audaz. Felipe, y todos los discípulos, lo que han visto es a Jesús, el hijo de María. Los mismos habitantes de Nazaret tenían esa mirada sobre Jesús: "¿No es este el hijo del carpintero?
No es el único que se hizo una imagen de Dios. Tambien Simón Pedro lo ha hecho. Pero él fue más allá, el vió al Hijo del Dios vivo como le dice a Jesús en aquella ocasión en Cafarnaúm. Y tan es así, que cuando los soldados van al Huerto de los Olivos a apresar a Jesús él sale en defensa del Señor con la espada. En el gesto de Pedro vemos aquella captación del fanático. Su convicción de fe llega a tanto que es capaz "de dar la vida por tí", como le dice explícitamente a Jesús cuando este le anunció que iba a ser entregado. Pedro encarna la desilusión de todos los que habiendo amado a Dios con pasión se desilusionan de los mismos discípulos y de sí mismos: no es posible ser fiel a Dios, no es posible llevar una vida en Dios. El amor por Jesús pasa por encima de la humanidad. Pedro ama a Jesús más que a los demás hombres, por eso no piensa dos veces cuando ataca a los soldados que apresan a Jesús. Su acción se parece a aquella conclusión de Pilatos cuando tiene a Jesús entre sus manos: "¿No sabes que tengo autoridad para soltarte o para condenarte? La pretensión del poder sobre Dios y sobre sus cosas ya para defenderlo, como Pedro, ya para matarlo, como Pilatos tiene el mismo origen: el querer conocer y manejar los planes de Dios según el propio entender y medida. Llegando incluso a dominarlo.
En estos dos personajes, Pedro y Pilatos, vemos una misma actitud. Sin embargo se entiende que Pedro era muy religioso y Pilatos no. Pero, en definitiva no cambia la misma actitud: ambos están cerrados a los planes de Dios. De aquí viene una primera convicción: es Dios quien se revela a sí mismo, y lo hace como él quiere hacerlo. Es El quien nos enseña quién es y cómo hemos de vivir nuestra relación con él. Está aquí la auténtica actitud religiosa.
Y si Dios se revela, se da a conocer, no podemos inventarlo tanto para decir de él como nos parece como para negarlo. Si no tenemos autoridad para una cosa, no la tenemos para la otra. Dios es Dios y ha querido libremente darse a conocer a sí mismo, y lo ha hecho en la persona de nuestro Señor Jesucristo. Una clave de la fe cristiana. Ahora podemos entender por qué las palabras de Jesús, el por qué de la necesidad de creer en él: "nadie va al Padre sino por mi". Y también de que a Dios nadie lo ha visto jamás, el que lo ha revelado es el Hijo único que está en el seno del Padre (Jn. 1, 18)
Sí, podemos conocer a Dios. Podemos vivir en su presencia. Podemos conocer su Voluntad. Podemos conocer nuestro origen y también nuestro fin. Podemos darnos cuenta de que nuestra vida tiene una orientación y que esta no es sólo para nosotros sino para todos los hombres. Cristo no ha venido a imponer a los hombres su Evangelio, sino a darlo, a testimoniarlo. No lo ha hecho contra ser humano alguno, sino a favor de todos. Y su Evangelio no es una norma de conducta sino un hecho que ha devuelto a la humanidad su sentido y su capacidad de ser lo que es. Su Evangelio es la obra que el Padre ha realizado en El y cuyo cumplimiento ha llevado a cabo hasta el final: "Todo se ha cumplido" dijo el Señor al momento de expirar.
Nuestra vida no es una lotería, es un plan de amor. Nuestra sed de sentido, de amor, tiene una razón; está gritando dentro nuestro ese llamado y realidad de Dios que se ha dado a conocer. Nuestra vida no marcha por donde nosotros buenamente intuímos, tiene un derrotero abierto por el camino de Jesús. La historia no es una construcción de la humanidad por la lucha de poder; por las ideologías ni por las opiniones sobre Dios. La historia tiene un origen y una meta: Jesucristo. La religión no es un código de normas, es alguien. Y su existencia es incontestable en relación a los pareceres múltiples de los hombres. Sus palabras son incontestables porque El ha sido establecido como testigo de la obra del Padre y nos ha dado a conocer su Voluntad.
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domingo, 16 de junio de 2013
CONOCER A DIOS
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viernes, 10 de mayo de 2013
LO NATURAL Y LO ARTIFICIAL
Leyendo a Arturo Paoli en su libro "La raíz del hombre" me ha aclarado unos puntos que no podía hilar. Cuál es la relación del hombre con la naturaleza, y cuál esa relación de tal modo que, a la vez, nos humanice. Distingue contemplación de uso. Parece fácil verlo. Pero resulta que las vacaciones en islas paradisíacas, hoteles con palmeras brillantes, jardines prolijos, etc. son un mundo de plástico para el consumo pero no para la contemplación. No comprometen, no sacan de sí mismos, estan hechos para la autosatisfacción y el placer por el placer. Lo natural al servicio de mi ego. Mientras que la relación con la naturaleza pasa por el hecho de descubrir lo que ella me dice y me humaniza.
La idea ilumina. Cuando vemos protestas por bosques desvastados o cálculos económicos sobre lugares planetarios, decisiones de explotaciones que tienen por norma lo económico sin importar lo que la naturaleza dice... entonces llega su manipulación y destrucción, y consecuentemente, la destrucción del hombre mismo. Miremos nomás el hecho del llamado "matrimonio igualitario", ¿no es una contradicción con la naturaleza que hasta hemos decidido decir de ella que es una construcción de nuestra cultura? Con ello hemos perdido la objetividad de las cosas, las cosas ya no son por sí mismas sino que son si yo quiero que sean. O sea, hemos llegado a tal tiranía que queremos someter a nuestros caprichos ideológicos o a nuestras pasiones desordenadas lo que tiene que ser objeto de contemplación y maravilla.
Los antiguos filósofos hablaban de "asombro". En esto estaba la contemplación y las ideas. Y aunque navegaron por mundos a veces raros, su autenticidad estaba en el hecho de que no querían manipular la realidad como intención de fondo, sino dejarse impregnar por lo que ella dice. Los filósofos de medios de hoy, parten de la ideología y la aplican a la realidad. La gran diferencia es el sometimiento a la ideología de moda y la imposibilidad de encontrar la verdad. Quizá por eso el relativismo ganó terreno. Cada uno interpreta a su manera porque el punto de partida de la verdad es uno mismo y no la verdad de las cosas. Son puntos buenos para considerar a la hora de ponernos a decidir qué pensamos y actuamos en consecuencia.
Pero también me responde a otra cuestión: el naturalismo. Los naturistas, que los hay variados, van de los que encuentran hasta cosas mágicas en la naturaleza a los que esperan volver hacia atrás, al hombre que vive en armonía con la naturaleza "como era antes". Pero el ayer ya pasó y por más que lo queramos afrerrar no podemos. La realidad está hoy, aquí. Pareciera que no podemos sacar de este punto nada en concreto, pero no. Volver a la raíz de la comunión con la naturaleza en el hombre de la técnica, es considerar que lo económico ni lo tecnológico pueden ser los dominadores de la naturaleza. El hombre armónico es el que sabe que hay leyes inscritas en las cosas y que no puede violarlas a riesgo de perderlas y perderse. A riesgo de destruirlas para siempre y de destruirse. Este era el hombre del pasado. Quizá en aquella época no tenía el conocimiento ni las posibilidades de sacar más provecho positivamente de lo natural; y ese era un límite a sus ambiciones de dominio. Pero el hombre de hoy, teniendo mucho más en sus manos para vivir más humanamente, usa su conocimiento para explotar, para dominar y servirse egoístamente de lo que está delante de él.
Como ha pasado y pasará en el funturo: se trata de que cambiemos de corazón y aprendamos a vivir en el amar y servir. Y esto no lo da la ciencia ni la técnica ni la ideología. Sólo lo da el contemplar, aceptar y obrar.
La idea ilumina. Cuando vemos protestas por bosques desvastados o cálculos económicos sobre lugares planetarios, decisiones de explotaciones que tienen por norma lo económico sin importar lo que la naturaleza dice... entonces llega su manipulación y destrucción, y consecuentemente, la destrucción del hombre mismo. Miremos nomás el hecho del llamado "matrimonio igualitario", ¿no es una contradicción con la naturaleza que hasta hemos decidido decir de ella que es una construcción de nuestra cultura? Con ello hemos perdido la objetividad de las cosas, las cosas ya no son por sí mismas sino que son si yo quiero que sean. O sea, hemos llegado a tal tiranía que queremos someter a nuestros caprichos ideológicos o a nuestras pasiones desordenadas lo que tiene que ser objeto de contemplación y maravilla.
Los antiguos filósofos hablaban de "asombro". En esto estaba la contemplación y las ideas. Y aunque navegaron por mundos a veces raros, su autenticidad estaba en el hecho de que no querían manipular la realidad como intención de fondo, sino dejarse impregnar por lo que ella dice. Los filósofos de medios de hoy, parten de la ideología y la aplican a la realidad. La gran diferencia es el sometimiento a la ideología de moda y la imposibilidad de encontrar la verdad. Quizá por eso el relativismo ganó terreno. Cada uno interpreta a su manera porque el punto de partida de la verdad es uno mismo y no la verdad de las cosas. Son puntos buenos para considerar a la hora de ponernos a decidir qué pensamos y actuamos en consecuencia.
Pero también me responde a otra cuestión: el naturalismo. Los naturistas, que los hay variados, van de los que encuentran hasta cosas mágicas en la naturaleza a los que esperan volver hacia atrás, al hombre que vive en armonía con la naturaleza "como era antes". Pero el ayer ya pasó y por más que lo queramos afrerrar no podemos. La realidad está hoy, aquí. Pareciera que no podemos sacar de este punto nada en concreto, pero no. Volver a la raíz de la comunión con la naturaleza en el hombre de la técnica, es considerar que lo económico ni lo tecnológico pueden ser los dominadores de la naturaleza. El hombre armónico es el que sabe que hay leyes inscritas en las cosas y que no puede violarlas a riesgo de perderlas y perderse. A riesgo de destruirlas para siempre y de destruirse. Este era el hombre del pasado. Quizá en aquella época no tenía el conocimiento ni las posibilidades de sacar más provecho positivamente de lo natural; y ese era un límite a sus ambiciones de dominio. Pero el hombre de hoy, teniendo mucho más en sus manos para vivir más humanamente, usa su conocimiento para explotar, para dominar y servirse egoístamente de lo que está delante de él.
Como ha pasado y pasará en el funturo: se trata de que cambiemos de corazón y aprendamos a vivir en el amar y servir. Y esto no lo da la ciencia ni la técnica ni la ideología. Sólo lo da el contemplar, aceptar y obrar.
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viernes, 3 de mayo de 2013
CONVERSIÓN Y NUEVA EVANGELIZACIÓN
De verdad, me siento muy contento de ver cómo el Señor responde a mis oraciones. Le pedí la gracia de mi conversión durante algunos meses. Claro, no espero que me la dé toda junta. Sería demasiado para llevarla adelante. Pero se ocupó de indicarme muchas cosas. Hasta dejé de decir esa oración porque tenía temor de no responder a sus inspiraciones. Ahora razoné un poco y la volví a hacer.
No, no se trata de que quiera compartir cosas muy personales, sino de que he visto cuánta necesidad de cambios en mi vida de creyente. Esos cambios no responden simplemente a una situación personal, sino a una situación del mundo y de la Iglesia. Creo que desde ahí nos tenemos que plantear las cosas.
Me di cuenta de que las miradas de muchos confluyen con las mías en muchos aspectos importantes, y eso nos juega a favor, perdí enemigos. Bueno, un modo de decir. Me dí cuenta de que necesita escuchar, y mucho. Me asusta que tengamos una mentalidad estancada, cerrada. Creo que es casi, digo casi, inevitable. ¿Por qué? Porque el relativismo actual donde todo vale, donde todo lo que hay hay que cuestionarlo, nos deja en una arena movediza donde le punto de apoyo es uno mismo y sus felices ideas. Ahí, decididamente, no quiero llegar. No quiero ser un aporte más al individualismo relativista, al subjetivismo cuestionador. No creo ser la medida de las cosas, por supuesto, pero por eso no quiero perder el camino que el Señor nos ha abierto.
El punto fuerte es saber dónde estamos parados y en realidad qué es lo que debemos cuidar y qué lo que debemos arriesgar. ¿Nos hemos puesto a pensar de dónde provienen nuestras ideas acerca de la fe? Si sólo de lo que hemos recibido desde niños, sin que de nuestra parte hayamos hecho aportes, estamos estancados en ese cristianismo asentidor de todo lo que no me signifique demasiado compromiso. Incapaz de dar una respuesta a las necesidades del mundo de hoy. Si de las ideas de los cristianos que nos rodean, aunque sólo sea el párroco, vamos mal. No porque los demás no sepan, sino porque no hemos internalizado nuestra fe. No le hemos dado ese espacio que necesita el Espíritu para ser creativo en nosotros. Conformarnos con una fe vivida en la medida de mi pequeño horizonte cultural, me deja paralizado en el inmenso tejido cultural del presente que es exigente a la hora de necesitar una nueva evangelización. Si nos hemos quedado sólo en la respuesta de una moral conforme a los principios cristianos, tenemos una buena base, pero sólo eso. Pongo paños fríos a mi afirmación, nada menos que eso, pero es el principio.
Hoy son demasiados los cuestionamientos que nos rodean. Son demasiadas las maneras de vivir que necesitan la luz del Espíritu. Me parece que lo más inmediato e importante es no engancharnos en este camino sin oriente de las costumbres modernas. Ejemplo, para no teorizar. Si un joven "vive con su novia" pero quiere dar una respuesta de fe, no va. Está negando un principio fundamental del sentido de la fe: estoy comprometido con el Señor en el proyecto de mi vida, y él ha hecho de la pareja humana un Sacramento. Quizá ese joven tiene mucha fe, muchísima, pero no en el sentido de la fe que el Señor comenzó al encargarnos su misión. Será la fe de la sirofenicia, capaz de sacarle al Señor los milagros que le hacen falta; pero no la fe de Zaqueo, que planteando su realidad decide dar pasos concretos de conversión que lo involucran en primera persona.
Leía a Scott Hahn, converso católico desde el protestantismo, que su lectura, meditación y estudio de las Sagradas Escrituras lo fueron llevando a las conclusiones de fidelidad que el Evangelio le exigía. Esta experiencia me ayudó más aún. Para no caer en el relativismo, pero a la vez, dar una respuesta al mundo de hoy, son necesarios estos pasos de reflexión y asimilación personal de las enseñanzas de Jesús, nuestro Maestro. Obviamente en el camino de Scott hay un límite. Como protestante necesariamente pudo llegar a la fe católica desde la Sagrada Escritura solamente. Nosotros en cambio podemos arribar a la fe desde esa realidad viviente y necesaria: el Verbo de Dios, la Palabra de Dios hecha carne. Y esto es Escritura, Tradición e Iglesia. ¡Uy! ¿No era Escritura Tradición y Magisterio, los tres pilares de la Revelación divina? Sí, claro, pero aquí quise expresar una realidad más abarcante que la sola realidad del Magisterio, quise expresar que la vivencia como Iglesia es lo que nos hace vivir en plenitud la Revelación de Dios. No por nada el Concilio Vaticano II define a la Iglesia como "sacramento universal de Salvación".
Algunos se han planteado seriamente la necesidad de dar una respuesta de fe a las realidades de hoy, pero han equivocado el camino. Se dejaron seducir por dos gigantes del mundo contemporáneo: el subjetivismo, que sólo ve verdadero lo que yo creo sobre todo lo demás; y los medios de comunicación social, que ponen frente a la gente lo que dicen como verdad irrefutable. Así, muy sueltos de cuerpo, y con ánimos realmente promocionales, hacen gala de ideas novedosas para que la Iglesia se adapte a los tiempos... perdiendo su identidad y su contenido. Esta adaptación la pretenden muchos no creyentes y oponentes de la Iglesia. Lo que los hace poco creíbles es el hecho de arrogarse esa infalibilidad que le niegan al Cuerpo de Cristo. El Papa, los obispos, son falibles, los que los cuestionan, no.
Así, dejemos asentadas unas bases para dar pasos concretos. Estas bases son nuestra fe en la Iglesia, guiada por el Espíritu Santo, sostenida en su unidad por la adhesión al Magisterio del Papa. La Iglesia, Cuerpo de Cristo, que a través de su vida, su lectura común de la Palabra de Dios escrita, de su enseñanza corroborada por el sentir común de los fieles, el carisma de la rectitud de fe de los obispos en comunión con el Papa, camina en el tiempo presente. Este principio nos lleva a la actual gran tarea de despojarla de aquellas cosas que le impiden hacer brillar su contenido, su más pura esencia. Empecemos por sentirnos fuertemente llamados a esa tarea, porque allí está el punto de partida.
No, no se trata de que quiera compartir cosas muy personales, sino de que he visto cuánta necesidad de cambios en mi vida de creyente. Esos cambios no responden simplemente a una situación personal, sino a una situación del mundo y de la Iglesia. Creo que desde ahí nos tenemos que plantear las cosas.
Me di cuenta de que las miradas de muchos confluyen con las mías en muchos aspectos importantes, y eso nos juega a favor, perdí enemigos. Bueno, un modo de decir. Me dí cuenta de que necesita escuchar, y mucho. Me asusta que tengamos una mentalidad estancada, cerrada. Creo que es casi, digo casi, inevitable. ¿Por qué? Porque el relativismo actual donde todo vale, donde todo lo que hay hay que cuestionarlo, nos deja en una arena movediza donde le punto de apoyo es uno mismo y sus felices ideas. Ahí, decididamente, no quiero llegar. No quiero ser un aporte más al individualismo relativista, al subjetivismo cuestionador. No creo ser la medida de las cosas, por supuesto, pero por eso no quiero perder el camino que el Señor nos ha abierto.
El punto fuerte es saber dónde estamos parados y en realidad qué es lo que debemos cuidar y qué lo que debemos arriesgar. ¿Nos hemos puesto a pensar de dónde provienen nuestras ideas acerca de la fe? Si sólo de lo que hemos recibido desde niños, sin que de nuestra parte hayamos hecho aportes, estamos estancados en ese cristianismo asentidor de todo lo que no me signifique demasiado compromiso. Incapaz de dar una respuesta a las necesidades del mundo de hoy. Si de las ideas de los cristianos que nos rodean, aunque sólo sea el párroco, vamos mal. No porque los demás no sepan, sino porque no hemos internalizado nuestra fe. No le hemos dado ese espacio que necesita el Espíritu para ser creativo en nosotros. Conformarnos con una fe vivida en la medida de mi pequeño horizonte cultural, me deja paralizado en el inmenso tejido cultural del presente que es exigente a la hora de necesitar una nueva evangelización. Si nos hemos quedado sólo en la respuesta de una moral conforme a los principios cristianos, tenemos una buena base, pero sólo eso. Pongo paños fríos a mi afirmación, nada menos que eso, pero es el principio.
Hoy son demasiados los cuestionamientos que nos rodean. Son demasiadas las maneras de vivir que necesitan la luz del Espíritu. Me parece que lo más inmediato e importante es no engancharnos en este camino sin oriente de las costumbres modernas. Ejemplo, para no teorizar. Si un joven "vive con su novia" pero quiere dar una respuesta de fe, no va. Está negando un principio fundamental del sentido de la fe: estoy comprometido con el Señor en el proyecto de mi vida, y él ha hecho de la pareja humana un Sacramento. Quizá ese joven tiene mucha fe, muchísima, pero no en el sentido de la fe que el Señor comenzó al encargarnos su misión. Será la fe de la sirofenicia, capaz de sacarle al Señor los milagros que le hacen falta; pero no la fe de Zaqueo, que planteando su realidad decide dar pasos concretos de conversión que lo involucran en primera persona.
Leía a Scott Hahn, converso católico desde el protestantismo, que su lectura, meditación y estudio de las Sagradas Escrituras lo fueron llevando a las conclusiones de fidelidad que el Evangelio le exigía. Esta experiencia me ayudó más aún. Para no caer en el relativismo, pero a la vez, dar una respuesta al mundo de hoy, son necesarios estos pasos de reflexión y asimilación personal de las enseñanzas de Jesús, nuestro Maestro. Obviamente en el camino de Scott hay un límite. Como protestante necesariamente pudo llegar a la fe católica desde la Sagrada Escritura solamente. Nosotros en cambio podemos arribar a la fe desde esa realidad viviente y necesaria: el Verbo de Dios, la Palabra de Dios hecha carne. Y esto es Escritura, Tradición e Iglesia. ¡Uy! ¿No era Escritura Tradición y Magisterio, los tres pilares de la Revelación divina? Sí, claro, pero aquí quise expresar una realidad más abarcante que la sola realidad del Magisterio, quise expresar que la vivencia como Iglesia es lo que nos hace vivir en plenitud la Revelación de Dios. No por nada el Concilio Vaticano II define a la Iglesia como "sacramento universal de Salvación".
Algunos se han planteado seriamente la necesidad de dar una respuesta de fe a las realidades de hoy, pero han equivocado el camino. Se dejaron seducir por dos gigantes del mundo contemporáneo: el subjetivismo, que sólo ve verdadero lo que yo creo sobre todo lo demás; y los medios de comunicación social, que ponen frente a la gente lo que dicen como verdad irrefutable. Así, muy sueltos de cuerpo, y con ánimos realmente promocionales, hacen gala de ideas novedosas para que la Iglesia se adapte a los tiempos... perdiendo su identidad y su contenido. Esta adaptación la pretenden muchos no creyentes y oponentes de la Iglesia. Lo que los hace poco creíbles es el hecho de arrogarse esa infalibilidad que le niegan al Cuerpo de Cristo. El Papa, los obispos, son falibles, los que los cuestionan, no.
Así, dejemos asentadas unas bases para dar pasos concretos. Estas bases son nuestra fe en la Iglesia, guiada por el Espíritu Santo, sostenida en su unidad por la adhesión al Magisterio del Papa. La Iglesia, Cuerpo de Cristo, que a través de su vida, su lectura común de la Palabra de Dios escrita, de su enseñanza corroborada por el sentir común de los fieles, el carisma de la rectitud de fe de los obispos en comunión con el Papa, camina en el tiempo presente. Este principio nos lleva a la actual gran tarea de despojarla de aquellas cosas que le impiden hacer brillar su contenido, su más pura esencia. Empecemos por sentirnos fuertemente llamados a esa tarea, porque allí está el punto de partida.
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martes, 30 de abril de 2013
LOS CATÓLICOS, ¡DESPIERTEN!
Comencé a leer un libro de Scott Hahn, converso del protestantismo al catolicismo. En sus comienzos cuenta que en el afan evangelizador que tenía de joven procuraba sacar a los católicos de sus gruesos errores. Le resultaba muy fácil porque veía que ignoraban completamente su fe y las Sagradas Escrituras. Era, dice, como pescar patitos de plástico en una palangana.
Esto le ocurría en los años 70. ¿Qué diría hoy ese señor? El Papa Benedicto luchó a brazo partido sobre ese punto. Marcó que la ignorancia de los católicos es el gran mal de nuestro tiempo. Y sí, pensemos si algún laico es capaz de defender su fe o proponerla en su ambiente de trabajo. Me parece que más difícil le parecerá lo segundo que lo primero. ¿Qué es lo que pasa en el corazon de tantos buenos creyentes católicos que no son capaces de decir algo, se quedan paralizados, no saben qué responder ante los cuestionamientos que se les presentan?
Si bien hay diversas razones, y algunas ya comenté aquí; creo que podemos señalarlas como punto de superación.
Una de ellas es el relativismo. Nos sentimos invadidos por un modo de pensar que cree que no existe la verdad, y nuestra fe es algo opinable. Así la vivimos también. En este relativismo, lo supuestamente científico ha tomado una valor de verdad mucho más incidente en nuestra conciencia que la verdad misma. Si la ciencia puede algo, eso es la verdad. Y oponerse de algún modo a ello es quedarse atrás, ser retrógrado, o poco inteligente.
Lo segundo es la fuente de lo anterior. Ignoramos y no razonamos nuestra fe. No tenemos ganas de conocerla. Estoy convencido de que esto proviene de no dejarnos invadir por el Espíritu Santo y de no tomar la decisión firme de ser cristianos. Alguno dirá ¡Sí que soy cristiano! Entonces te pregunto ¿por qué sientes pudor, vergüenza de ello? ¿Por qué no hablas de Cristo en tu ambiente diario? ¿Te sientes avergonzado? Esto quiere decir que no te has dejado invadir por el Espíritu de Cristo y no has tomado la decisión firme de serlo.
Este dejarnos invadir por el Espíritu es asumir un amor a Dios tan fuerte que no nos importe lo que digan los demás, que tengamos ganas inmensas de comunicarlo. porque si no hay comunicación, no hay conversión auténtica, o no la hay profunda. Quien ama a Dios porque antes se supo amado por El, no duda en compartirlo.
Esto le ocurría en los años 70. ¿Qué diría hoy ese señor? El Papa Benedicto luchó a brazo partido sobre ese punto. Marcó que la ignorancia de los católicos es el gran mal de nuestro tiempo. Y sí, pensemos si algún laico es capaz de defender su fe o proponerla en su ambiente de trabajo. Me parece que más difícil le parecerá lo segundo que lo primero. ¿Qué es lo que pasa en el corazon de tantos buenos creyentes católicos que no son capaces de decir algo, se quedan paralizados, no saben qué responder ante los cuestionamientos que se les presentan?
Si bien hay diversas razones, y algunas ya comenté aquí; creo que podemos señalarlas como punto de superación.
Una de ellas es el relativismo. Nos sentimos invadidos por un modo de pensar que cree que no existe la verdad, y nuestra fe es algo opinable. Así la vivimos también. En este relativismo, lo supuestamente científico ha tomado una valor de verdad mucho más incidente en nuestra conciencia que la verdad misma. Si la ciencia puede algo, eso es la verdad. Y oponerse de algún modo a ello es quedarse atrás, ser retrógrado, o poco inteligente.
Lo segundo es la fuente de lo anterior. Ignoramos y no razonamos nuestra fe. No tenemos ganas de conocerla. Estoy convencido de que esto proviene de no dejarnos invadir por el Espíritu Santo y de no tomar la decisión firme de ser cristianos. Alguno dirá ¡Sí que soy cristiano! Entonces te pregunto ¿por qué sientes pudor, vergüenza de ello? ¿Por qué no hablas de Cristo en tu ambiente diario? ¿Te sientes avergonzado? Esto quiere decir que no te has dejado invadir por el Espíritu de Cristo y no has tomado la decisión firme de serlo.
Este dejarnos invadir por el Espíritu es asumir un amor a Dios tan fuerte que no nos importe lo que digan los demás, que tengamos ganas inmensas de comunicarlo. porque si no hay comunicación, no hay conversión auténtica, o no la hay profunda. Quien ama a Dios porque antes se supo amado por El, no duda en compartirlo.
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viernes, 26 de abril de 2013
ESTAMOS ENCONTRANDO UN CAMINO
He leído muchas ideas sobre la reforma de la Iglesia en la actualidad. A mi me venía inquietando esa distancia que encontraba y aún encuentro de nuestras comunidades con las masas. Es decir, sin hablar despectivamente, por el contrario, digamos mejor, con el grueso de la sociedad. Como Iglesia dejamos de ser una referencia. Hace pocos meses un Hermano de Comunidad me decía que en sus pueblos (es pastor de varios pequeños poblados), carenciados, la gente piensa que si alguien es evangélico es persona honrada, y si es católico, se puede esperar cualquier cosa, y más aún, seguro un mal comportamiento.
Esto me hace ver que la distancia de la Iglesia con las masas no se debe a la ropa del Papa, sino a la comunidad eclesial que por diversos frentes tiene necesidad de una reforma.
El Papa, en su homilía de la Misa Crismal hizo referencia al grupo de párrocos (nada menos) que se han declarado en desobediencia e invitan a hacerlo. No voy a referirme al punto, del que el Papa habla con mucha claridad; sino me refiero al hecho de que este grupo de sacerdotes propugna un reforma en la vida de la Iglesia presionando con su actitud. Aducen que si no lo hacen muchos católicos abandonarán la Iglesia.
Tan sólo en esta actitud de estos sacerdotes encuentro una necesidad de reforma en la Iglesia. Me pregunto ¿qué formación recibieron estos sacerdotes? Y no me refiero a la formación intelectual, sino a la formación eclesial, la que da la experiencia de vida en la vida de la Iglesia y la que vive el sentir del pueblo fiel. Alguno ya me verá de reojo pensando en que soy "demasiado ortodoxo" como un comentario a otra de mis publicaciones lo dijo. Pero ¿la ortodoxia es un mal en la Iglesia?. Entiendo que esta manera de ver nuestro comportamiento eclesial en el cual hay que ser rebelde para ser verdaderamente libre, o para ser fiel al Evangelio de Cristo es un verdadero mal si lo consideramos como una premisa de eclesialidad. Desde el vamos no es así.
Un comentario que he comenzado a leer de Victor Codina sobre esta Iglesia del post concilio Vaticano II comienza con una referencia al antes y después de la Liturgia. El autor hace una sensata reflexión de que la liturgia expresa el ser eclesial. Sí. Y luego habla del antes y el después, características de muchos católicos que tienen ese "complejo" (he conocido muchos) que viven su presente como una suerte de destape, y asumen una actitud rebelde por esencia. Los que nacimos con el Concilio, la verdad, no los entendemos. Comprendemos que han recibido una herida y que por ella hablan, pero nosotros vivimos en una Iglesia de después del Concilio, no necesitamos pasar por una ruptura.
No descartaré por eso las auténticas aspiraciones de una nueva manera de vivir nuestro ser Iglesia. Al contrario, por ello decía al principio de mi inquietud. Rescato desde allí las actitudes de los que sienten fuertemente esa necesidad, pero descarto que ello provenga de un oponernos los unos a los otros, y más, oponer o desconocer el carisma de gobierno de la Iglesia. Desconocer los carismas es desconocer la Iglesia. Negar la obediencia a quien se debe es romper la Iglesia. Presionar no está mal, siempre que no se utilice para ello las armas del mundo político porque las presiones se ejercen desde los carismas auténticos en la Iglesia. Un ejemplo paradigmático, y hoy profético, es San Francisco de Asís. Vivió uno de los momentos más necesitados de reforma en la vida de la Iglesia, pero nunca se alzó en desobediencia ni contra el Papa ni contra todo el aparataje curial de aquel momento. Sin embargo, su vida fue una presión en la Iglesia.
Los sacerdotes en desobediencia plantean que reciben el apoyo del pueblo creyente. ¡Seguro! Nunca va a faltar quien te apoye si propones que no haya celibato, que las mujeres se ordenen sacerdotisas, que haya divorcio, que se aborte, etc. siempre hay público para toda propuesta. No hay que olvidar el momento coyuntural de cultura que vivimos. Hoy todo vale por este relativismo que es capaz de aceptar todo sin ningún prejuicio. Si así lo hiciéramos ¿quiénes somos? ¿Dónde está la esencia de nuestro ser cristiano?
Este es el gran planteo del presente. Los que ven las cosas de la otra cara están muy preocupados porque los gestos, sobre todo en el ecumenismo parecen hacernos perder quiénes somos. Alli ven heterodoxia, lo contrario de la ortodoxia. Claro, si le abrimos las puertas a los que piensan distinto en la fe, vamos a perder la fe de la Iglesia. ¡Qué riesgo! Pero si nos encerramos en nosotros mismos, lo advierte SS. Francisco, nos enfermamos. Si salimos, podemos accidentarnos. ¡Prefiero una Iglesia accidentada antes que una enferma! dijo el Papa. Y yo estoy de acuerdo con su modo de ver. Pero como creo como católico, si no estuviera de acuerdo, lo mismo lo sigo, porque creo en una Iglesia carismática, y en su pensamiento hay luz del Espíritu Santo.
Esto último hace la diferencia entre una presión política, en un seguir las propias ideas con las mociones del Espíritu Santo y seguir a Cristo, Pastor que no se equivoca en su Iglesia, que no la lleva a la perdición sino a la salvación mediante la mediación humana que comenzó con él mismo. Aquí está para mi un punto fuerte de reforma. No lo veo en si hay sacerdotisas o si los curas son casados. Lo veo en si aceptamos que los gestos y las palabras siguen siendo el modo en que Dios se manifesta al hombre, si los carismas son reales o simples organizaciones. Si el ministerio del Papa es una figura representativa o el Vicario de Cristo. Si sabemos ser obedientes, ni conniventes ni obsecuentes ni obstinados. Las grandes señales del Espíritu en estos días no las queramos capitalizar para nuestras ideas, sino para escuchar con claridad la voz del Maestro. El es fiel.
Esto me hace ver que la distancia de la Iglesia con las masas no se debe a la ropa del Papa, sino a la comunidad eclesial que por diversos frentes tiene necesidad de una reforma.
El Papa, en su homilía de la Misa Crismal hizo referencia al grupo de párrocos (nada menos) que se han declarado en desobediencia e invitan a hacerlo. No voy a referirme al punto, del que el Papa habla con mucha claridad; sino me refiero al hecho de que este grupo de sacerdotes propugna un reforma en la vida de la Iglesia presionando con su actitud. Aducen que si no lo hacen muchos católicos abandonarán la Iglesia.
Tan sólo en esta actitud de estos sacerdotes encuentro una necesidad de reforma en la Iglesia. Me pregunto ¿qué formación recibieron estos sacerdotes? Y no me refiero a la formación intelectual, sino a la formación eclesial, la que da la experiencia de vida en la vida de la Iglesia y la que vive el sentir del pueblo fiel. Alguno ya me verá de reojo pensando en que soy "demasiado ortodoxo" como un comentario a otra de mis publicaciones lo dijo. Pero ¿la ortodoxia es un mal en la Iglesia?. Entiendo que esta manera de ver nuestro comportamiento eclesial en el cual hay que ser rebelde para ser verdaderamente libre, o para ser fiel al Evangelio de Cristo es un verdadero mal si lo consideramos como una premisa de eclesialidad. Desde el vamos no es así.
Un comentario que he comenzado a leer de Victor Codina sobre esta Iglesia del post concilio Vaticano II comienza con una referencia al antes y después de la Liturgia. El autor hace una sensata reflexión de que la liturgia expresa el ser eclesial. Sí. Y luego habla del antes y el después, características de muchos católicos que tienen ese "complejo" (he conocido muchos) que viven su presente como una suerte de destape, y asumen una actitud rebelde por esencia. Los que nacimos con el Concilio, la verdad, no los entendemos. Comprendemos que han recibido una herida y que por ella hablan, pero nosotros vivimos en una Iglesia de después del Concilio, no necesitamos pasar por una ruptura.
No descartaré por eso las auténticas aspiraciones de una nueva manera de vivir nuestro ser Iglesia. Al contrario, por ello decía al principio de mi inquietud. Rescato desde allí las actitudes de los que sienten fuertemente esa necesidad, pero descarto que ello provenga de un oponernos los unos a los otros, y más, oponer o desconocer el carisma de gobierno de la Iglesia. Desconocer los carismas es desconocer la Iglesia. Negar la obediencia a quien se debe es romper la Iglesia. Presionar no está mal, siempre que no se utilice para ello las armas del mundo político porque las presiones se ejercen desde los carismas auténticos en la Iglesia. Un ejemplo paradigmático, y hoy profético, es San Francisco de Asís. Vivió uno de los momentos más necesitados de reforma en la vida de la Iglesia, pero nunca se alzó en desobediencia ni contra el Papa ni contra todo el aparataje curial de aquel momento. Sin embargo, su vida fue una presión en la Iglesia.
Los sacerdotes en desobediencia plantean que reciben el apoyo del pueblo creyente. ¡Seguro! Nunca va a faltar quien te apoye si propones que no haya celibato, que las mujeres se ordenen sacerdotisas, que haya divorcio, que se aborte, etc. siempre hay público para toda propuesta. No hay que olvidar el momento coyuntural de cultura que vivimos. Hoy todo vale por este relativismo que es capaz de aceptar todo sin ningún prejuicio. Si así lo hiciéramos ¿quiénes somos? ¿Dónde está la esencia de nuestro ser cristiano?
Este es el gran planteo del presente. Los que ven las cosas de la otra cara están muy preocupados porque los gestos, sobre todo en el ecumenismo parecen hacernos perder quiénes somos. Alli ven heterodoxia, lo contrario de la ortodoxia. Claro, si le abrimos las puertas a los que piensan distinto en la fe, vamos a perder la fe de la Iglesia. ¡Qué riesgo! Pero si nos encerramos en nosotros mismos, lo advierte SS. Francisco, nos enfermamos. Si salimos, podemos accidentarnos. ¡Prefiero una Iglesia accidentada antes que una enferma! dijo el Papa. Y yo estoy de acuerdo con su modo de ver. Pero como creo como católico, si no estuviera de acuerdo, lo mismo lo sigo, porque creo en una Iglesia carismática, y en su pensamiento hay luz del Espíritu Santo.
Esto último hace la diferencia entre una presión política, en un seguir las propias ideas con las mociones del Espíritu Santo y seguir a Cristo, Pastor que no se equivoca en su Iglesia, que no la lleva a la perdición sino a la salvación mediante la mediación humana que comenzó con él mismo. Aquí está para mi un punto fuerte de reforma. No lo veo en si hay sacerdotisas o si los curas son casados. Lo veo en si aceptamos que los gestos y las palabras siguen siendo el modo en que Dios se manifesta al hombre, si los carismas son reales o simples organizaciones. Si el ministerio del Papa es una figura representativa o el Vicario de Cristo. Si sabemos ser obedientes, ni conniventes ni obsecuentes ni obstinados. Las grandes señales del Espíritu en estos días no las queramos capitalizar para nuestras ideas, sino para escuchar con claridad la voz del Maestro. El es fiel.
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miércoles, 17 de abril de 2013
DAR PASOS DE FIDELIDAD
Definitivamente sólo hay que comenzar. Buena la publicación donde evangelizar no significa cortar y pegar. Es comenzar a dejar que lo que tengo de riqueza se ponga al servicio de muchos. Ser creativos. Una consigna que comienzo a aplicar con mayor fuerza y que pienso que todos tenemos que hacer.
¿Qué es creatividad y cómo se compagina con fidelidad? Este es un punto importante a la hora de buscar una nueva evangelización. Ya señalé que romper con la historia de modo absoluto es un error. Fue la lucha de Benedicto XVI. Es cierto, muy europeo el Santo Padre para decirlo. Pero al fin y al cabo fue él. Y está bien, nos enriqueció con un magisterio impactante. Sentí que su fidelidad bien pensada, inteligente, fiel, estaba revestida de algunos gestos que parecieron no acompañar esa audacia que tan bien se le ha notado, por ejemplo su gusto de retomar el uso de algunos ornamentos litúrgicos que dieron pie a muchos a pensar que "volvíamos atrás". Unos se alegraron, otros se entristecieron. Esos gestos no permitieron valorar, a mi parecer, la inmensa riqueza que nos dejó, y favoreció, sin proponérselo, que nos quedaramos en cosas que se sentían superficiales. Rescato un gestos de catolicismo auténtico: la carta a los católicos chinos, la apertura a los anglicanos, el buen diálogo con los ortodoxos, los judíos y los musulmanes, la revalorización de la Misa de Juan XXIII, la disposición al diálogo con los ateos. Y hay muchos más.
Pero no me propongo hablar del Papa emérito, sino de ver cómo estamos en este momento en que la llegada del Papa Francisco ha plasmado un nuevo rumbo, pero que está ciertamente fundado en los pasos que dejó el Papa Benedicto. A lo aportado por este último ahora se suma la simplicidad, el volver la mirada hacia los laicos con más decisión, a descubrir que la Iglesia es guiada por el Espíritu Santo no sólo desde las oficinas de la Santa Sede, ni de las curias episcopales, sino que es toda la Iglesia la que resucita contínuamente en la realidad histórica. No se asuste nadie. No hablo de una democratización. Esto sería grosero. No son categorías que se pueda aplicar al Cuerpo de Cristo. Hablo de abrir los oídos al Espíritu que vive en su Iglesia. Es posible. En una iglesia carismática, no monárquica; orgánica, no indiferenciada.
Creo que los peligros radican más bien en las inspiraciones ideológicas. Estas son las que arruinan las buenas motivaciones. El Papa nos está dando una pista muy clara. Nos libramos de esto cuando vemos desde el Evangelio todas las realidades. Cuando las despojamos de las tradiciones con minúscula y nos asentamos en las Tradiciones con mayúsculas, esas que los Padres de la Iglesia afirmaban con tanta frescura. Todo su lenguaje era Evangelio. Es un momento de confusión en el pensamiento. Veo que algunos corren hacia los antiguos pensadores y otros creen ser pensadores innovadores, pero son infieles cuando se fundan en ideologías de moda y no disciernen estas. Cuando hacen proposiciones de ruptura con lo más esencial de la vida del cristiano creyendo que descubrieron la pólvora.
Esto es lo que hace difícil un buen discernimiento de fidelidad auténtica. Y esto para el laico más sencillo. El influjo de estilos de vida, ideologías dominantes, razonamientos dominantes, confunden al creyente más fiel. Otros sucumben ante los pensadores modernos con ideas que se les ocurrieron quién sabe cuando. Otros corren a refugiarse en un pietismo desencarnado. Buscan una fidelidad religiosa que no responde a las inquietudes de los muchos sedientos del Evangelio. Parece que se nos rompió la brújula. Pero ella está, sigue siendo el Evangelio de Cristo, leído y vivido en la comunidad, en la totalidad del Cuerpo de Cristo. En la fidelidad al Magisterio, y en la creatividad del pueblo llamado a la nueva evangelización.
¿Qué es creatividad y cómo se compagina con fidelidad? Este es un punto importante a la hora de buscar una nueva evangelización. Ya señalé que romper con la historia de modo absoluto es un error. Fue la lucha de Benedicto XVI. Es cierto, muy europeo el Santo Padre para decirlo. Pero al fin y al cabo fue él. Y está bien, nos enriqueció con un magisterio impactante. Sentí que su fidelidad bien pensada, inteligente, fiel, estaba revestida de algunos gestos que parecieron no acompañar esa audacia que tan bien se le ha notado, por ejemplo su gusto de retomar el uso de algunos ornamentos litúrgicos que dieron pie a muchos a pensar que "volvíamos atrás". Unos se alegraron, otros se entristecieron. Esos gestos no permitieron valorar, a mi parecer, la inmensa riqueza que nos dejó, y favoreció, sin proponérselo, que nos quedaramos en cosas que se sentían superficiales. Rescato un gestos de catolicismo auténtico: la carta a los católicos chinos, la apertura a los anglicanos, el buen diálogo con los ortodoxos, los judíos y los musulmanes, la revalorización de la Misa de Juan XXIII, la disposición al diálogo con los ateos. Y hay muchos más.
Pero no me propongo hablar del Papa emérito, sino de ver cómo estamos en este momento en que la llegada del Papa Francisco ha plasmado un nuevo rumbo, pero que está ciertamente fundado en los pasos que dejó el Papa Benedicto. A lo aportado por este último ahora se suma la simplicidad, el volver la mirada hacia los laicos con más decisión, a descubrir que la Iglesia es guiada por el Espíritu Santo no sólo desde las oficinas de la Santa Sede, ni de las curias episcopales, sino que es toda la Iglesia la que resucita contínuamente en la realidad histórica. No se asuste nadie. No hablo de una democratización. Esto sería grosero. No son categorías que se pueda aplicar al Cuerpo de Cristo. Hablo de abrir los oídos al Espíritu que vive en su Iglesia. Es posible. En una iglesia carismática, no monárquica; orgánica, no indiferenciada.
Creo que los peligros radican más bien en las inspiraciones ideológicas. Estas son las que arruinan las buenas motivaciones. El Papa nos está dando una pista muy clara. Nos libramos de esto cuando vemos desde el Evangelio todas las realidades. Cuando las despojamos de las tradiciones con minúscula y nos asentamos en las Tradiciones con mayúsculas, esas que los Padres de la Iglesia afirmaban con tanta frescura. Todo su lenguaje era Evangelio. Es un momento de confusión en el pensamiento. Veo que algunos corren hacia los antiguos pensadores y otros creen ser pensadores innovadores, pero son infieles cuando se fundan en ideologías de moda y no disciernen estas. Cuando hacen proposiciones de ruptura con lo más esencial de la vida del cristiano creyendo que descubrieron la pólvora.
Esto es lo que hace difícil un buen discernimiento de fidelidad auténtica. Y esto para el laico más sencillo. El influjo de estilos de vida, ideologías dominantes, razonamientos dominantes, confunden al creyente más fiel. Otros sucumben ante los pensadores modernos con ideas que se les ocurrieron quién sabe cuando. Otros corren a refugiarse en un pietismo desencarnado. Buscan una fidelidad religiosa que no responde a las inquietudes de los muchos sedientos del Evangelio. Parece que se nos rompió la brújula. Pero ella está, sigue siendo el Evangelio de Cristo, leído y vivido en la comunidad, en la totalidad del Cuerpo de Cristo. En la fidelidad al Magisterio, y en la creatividad del pueblo llamado a la nueva evangelización.
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martes, 16 de abril de 2013
LA ESPERANZA DE UN CRISTIANISMO NUEVO
El Papa ha llamado a ser coherentes. Si un pastor, o un fiel común no son coherentes en su vida cristiana, desprestigian la Iglesia, desprestigian el Evangelio. Esto es una realidad que no se necesita comprobar mucho. Pero lo que es llamativo es que si un laico, un bautizado común, es incoherente, esto no parece pesar mucho en la sociedad. Por ejemplo, si es un católico famoso por ser actor, no importa que tenga dos mujeres, que haya estafado a alguien, etc. Si ese mismo laico es catequista, entonces estalla la bomba, y todo es desprestigio para la Iglesia.
Creo que el llamado del Papa confirma lo que pienso: es la hora de los laicos, es la hora de que los bautizados asuman su importante misión, no sólo siendo buena gente, sino haciendo notar que esa bondad proviene de Cristo, de su fe, de su ser Iglesia. Esta condición eclesial necesita de una identidad propia, de una espiritualidad propia.
Es verdad, son tiempos difíciles. La invasión de las ideologías, la ignorancia religiosa, y la mundanización de los laicos, son obstáculos fuertes. Cuántos laicos que rezan cada día, se visten como paganos, hablan como ateos y callan como culpables. Cuántos bautizados buscan alguna ayuda espiritual en cualquier medio, se creen cualquier verdura y rechazan la más elemental espiritualidad cristiana que ha sido fuente de vida y de alegría por siglos y siglos. El rechazo de todo lo que pasó hace que se busque una contínua novedad que se expresa en hacer algo que nunca hicimos y que se entiende como un verdadero crecimiento, cuando en realidad es negación del tesoro que ya compartimos. Necesitamos cristianos creíbles, los clérigos y los religiosos también los necesitamos. Nuestra fe es fecunda y maravillosa.
Creo que el llamado del Papa confirma lo que pienso: es la hora de los laicos, es la hora de que los bautizados asuman su importante misión, no sólo siendo buena gente, sino haciendo notar que esa bondad proviene de Cristo, de su fe, de su ser Iglesia. Esta condición eclesial necesita de una identidad propia, de una espiritualidad propia.
Es verdad, son tiempos difíciles. La invasión de las ideologías, la ignorancia religiosa, y la mundanización de los laicos, son obstáculos fuertes. Cuántos laicos que rezan cada día, se visten como paganos, hablan como ateos y callan como culpables. Cuántos bautizados buscan alguna ayuda espiritual en cualquier medio, se creen cualquier verdura y rechazan la más elemental espiritualidad cristiana que ha sido fuente de vida y de alegría por siglos y siglos. El rechazo de todo lo que pasó hace que se busque una contínua novedad que se expresa en hacer algo que nunca hicimos y que se entiende como un verdadero crecimiento, cuando en realidad es negación del tesoro que ya compartimos. Necesitamos cristianos creíbles, los clérigos y los religiosos también los necesitamos. Nuestra fe es fecunda y maravillosa.
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lunes, 15 de abril de 2013
PENSAR PARA EVANGELIZAR
Agradezco esta pequeña obra compilación de pensamientos de Benedicto XVI sobre la fe. En el último tema aborda el hecho de la Iglesia en el año 2000 y hace una memoria histórica de la semejanza de fines del siglo XVIII con este siglo XXI, dice " la situación actual es comparable ante todo al periodo del llamado modernismo, y en segundo lugar, al final del rococó...la crisis actual es sólo la reanudación, diferida durante mucho tiempo, de lo que empezó entonces". Y ¿Qué quiere decir con esta afirmación? Establece semejanzas como las siguientes: En la Ilustración se da el decidido rechazo de la historia, esta no se debe tener en cuenta, sino actuar simplemente de modo racional. El papael ene general de las palabras como racional, transparente y otras se establece. Se intentó simplificar la liturgia, se quería introducir en la liturgia la lengua vernácula (lengua en que habla cada pueblo), tuvo un movimiento episcopal que quería subrayar la importancia de los obispos en contraposición de la figura del Papa; aparece la figura del Vicario Wessenberg de Constanza que pide la abolición del celibato. En el Sínodo de Pistoya, donde participaron 234 obispos en 1786 se trató de traducir las ideas de reforma pero fue un fracaso.
¿No parece increíble? Pero es la realidad presente. Por supuesto, para bajar los ánimos de los exaltados, recordaré que en esta obra el Papa Benedicto también hace referencia a que todo esto, por una serie de exageraciones y desconsideraciones de los que sostenían estas ideas, fue al fracaso y se perdieron buenos planteamientos.
Por otro lado, no estará demás decir que la situación histórica presente no tiene nada que ver con aquellos años ni las motivaciones de aquellos años para llevar a los planteos y sus semejanzas con los presentes. Hoy también, por si acaso alguno no se dió cuenta, aparecen los que sostienen estas ideas y otras más: sacerdocio de las mujeres, liturgias locales, etc. Lo actual no proviene de una ruptura histórica idéntica. El subjetivismo de Kant que inspiró toda aquella época, no es idéntico al subjetivismo actual de la época globalizada. Este me parece un factor decisivo para pensar que estas semejanzas provienen no sólo de este influjo lejano y real, sino también de una nueva ambición que no está sellada por una supuesta democratización de la cultura, sino por la ambición de nuevos espacios de poder y necesidad de imponer caminos ideológicos quizá más fuertes que entonces.
Pero subrayo que, mirando positivamente esta nueva realidad, no se impone la condenación del modernismo que hizo en su momento Pio IX, sino considero que es alentador pensar aquellas cosas positivas que pudieron rescatarse de entonces. Aquí viene una pista de la reforma de la Iglesia tan necesaria según muchísimas voces. Pero para los que la palabra reforma suene demasiado "fea", diré "el nuevo camino evangelizador de la Iglesia".
Es un pensamiento apenas esbozado, lo sé. Sé también que muchos están inquietos por los nuevos aires eclesiales. Hay muchos peligros ideológicos dando vueltas. Muchos anhelan volver hacia atrás, ponerse en lo que era más seguro, y afianzar el pasado como punto de referencia. La gran inspiración del Concilio Vaticano II vino a causa de que la Iglesia necesitaba ponerse a la altura de los tiempos, pero no al revés. Y estos tiempos siguen pasando con una velocidad mayor, con un cuestionamiento mayor donde lo que seguimos viendo los cristianos es que el Evangelio es la gran necesidad de la humanidad.
Los evolucionistas, así los he llamado, piensan que toda la historia va en una evolución donde las cosas del pasado son una referencia anticuada del presente. El hoy, si bien tuvo su sustento en el pasado, evolucionó de modo que lo que ayer era consistente hoy se extinguió, perdió su lugar, fue superado. Así se piensa de todo principio, y valgan las observaciones de Benedicto XVI, fundado en pensamiento anterior fue superado. Este es sin duda un gran error, y una ilusión que nos está dando grandes dolores de cabeza a todos los hombres, creyentes o no. Este evolucionismo y agrandamiento de los poderes del Estado, nos llevan progresivamente al mismo punto de la historia aún no superada de aquellos regímenes totalitarios donde nadie puede pensar diferente. O donde todos pueden pensar cualquier cosa, siempre que no toquen el poder del que lo detenta.
Estos pensamientos los comparto en torno a pensar una nueva evangelización, y sabernos parar en puntos firmes de partida. No dejarnos engañar por las ideas que están hasta en el vecino de al lado, no son de pensadores de escritorio, sino de cosas muy prácticas que obstaculizan tener el corazón dispuesto para recibir el amor de Dios. O bien, confunden al cristiano que quiere vivir su fe y no sabe por dónde va a empezar, o cómo lo va a hacer.
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domingo, 14 de abril de 2013
SIETE MINUTOS PARA EL PRESENTE
Sólo tengo ese tiempo para hacer este post. Y quiero compartirles una lectura que me impactó, bueno, dos lecturas que me impactaron. Una de Benedicto XVI: el presente es un instante que está entre el pasado y el futuro, pero apenas lo vivimos ya pertenece al pasado. Esto que parece sólo un pensamiento que en realidad él cita, no es más que una apreciación cierta del mismo título del post, pero es a la vez, una apreciación de cómo vivimos las realidades de cada día. Me costaba comprender a muchos que parece que no tienen ni una consideración de dónde vienen (ahora sé que es verdad) y que no parecen pensar en el futuro (ahora me doy cuenta por qué). Y así encuentro muchos jóvenes que tienen hijos como si fuera ¡qué hermosa novedad! y nada más. Pero viven sólo el presente, no piensan si ese niño podrá ser cuidado, si seguirán juntos los padres, si... etc. Sólo este presente. Pero que a la vez no importa mucho porque ya pasó. No, no es un discurso filosófico. Es una realidad patente.
El otro pensamiento impactante es el sentido de los derechos del individuo que sólo se viven subjetivamente. O sea, sólo importo yo y mis derechos. Ya lo sabemos: abandono escolar, indiferencia sobre el bien de los otros, inseguridad, ricos cada vez más ricos y pobres cada vez más pobres, etc. Viva yo, o sea. ¿Y los deberes? Nada, eso es anticuado. Pero esto se proyecta sobre Dios, sobre la relación con Dios. ¡Con razón tanto éxito en las sectas paracristianas y en el evangelismo (disculpen, sin ofender). Se resalta la relación personal con Dios, pero sólo eso. Lo comunitario no tiene más gravitación que el valor moral de responder a las indicaciones de Jesús solo. El otro dejó de ser un punto de referencia de fe. La Iglesia, comunidad de fe, dejó de ser un punto de referencia. Para rematarla, el desprestigio de los que forman parte de ella parece ser una razón válida para abandonarla. Notemos que no ocurre así respecto de los candidatos políticos, los gobernantes, los dirigentes gremiales ni los famosos. Ellos lo pueden todo, no importa, los perdonamos. (???)
Este subjetivismo también ha sometido a Dios. El puede venir a bendecirme, a darme paz, a hacerme sentir bien. Hasta no entiendo por qué tengo que confesarme si he pecado, después de todo soy humano como todos. Pero hay algo que él no puede (aunque sea todopoderoso): pedirme que cargue la cruz. Eso no. Si así es el caso: me abandonó, ya no creo en Dios, estoy enojado con él. Debiera darnos explicaciones por qué las cosas están tan mal y él no interviene, después de todo me afecta.
Se me pasó el tiempo, tomé tres minutos prestados. Me pareció interesante compartir esto. Ahora entiendo muchas cosas más y me doy cuenta cómo podría afrontarlas. ¡Que venga tu Reino!
El otro pensamiento impactante es el sentido de los derechos del individuo que sólo se viven subjetivamente. O sea, sólo importo yo y mis derechos. Ya lo sabemos: abandono escolar, indiferencia sobre el bien de los otros, inseguridad, ricos cada vez más ricos y pobres cada vez más pobres, etc. Viva yo, o sea. ¿Y los deberes? Nada, eso es anticuado. Pero esto se proyecta sobre Dios, sobre la relación con Dios. ¡Con razón tanto éxito en las sectas paracristianas y en el evangelismo (disculpen, sin ofender). Se resalta la relación personal con Dios, pero sólo eso. Lo comunitario no tiene más gravitación que el valor moral de responder a las indicaciones de Jesús solo. El otro dejó de ser un punto de referencia de fe. La Iglesia, comunidad de fe, dejó de ser un punto de referencia. Para rematarla, el desprestigio de los que forman parte de ella parece ser una razón válida para abandonarla. Notemos que no ocurre así respecto de los candidatos políticos, los gobernantes, los dirigentes gremiales ni los famosos. Ellos lo pueden todo, no importa, los perdonamos. (???)
Este subjetivismo también ha sometido a Dios. El puede venir a bendecirme, a darme paz, a hacerme sentir bien. Hasta no entiendo por qué tengo que confesarme si he pecado, después de todo soy humano como todos. Pero hay algo que él no puede (aunque sea todopoderoso): pedirme que cargue la cruz. Eso no. Si así es el caso: me abandonó, ya no creo en Dios, estoy enojado con él. Debiera darnos explicaciones por qué las cosas están tan mal y él no interviene, después de todo me afecta.
Se me pasó el tiempo, tomé tres minutos prestados. Me pareció interesante compartir esto. Ahora entiendo muchas cosas más y me doy cuenta cómo podría afrontarlas. ¡Que venga tu Reino!
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miércoles, 28 de noviembre de 2012
ENTRE LA HIPOCRESÍA Y LA REALIDAD
Es noticia el video subido ya a las redes sociales donde un joven de 19 años tiene relaciones sexuales con un niño de 12 o 13 años. El caso aún, hasta este momento, no tiene carátula porque no se tiene certeza de si ha sido una violación o un acto consentido, en el cual sería una "corrupción de menores".
Las cosas están atemperadas porque si hubo consentimiento, y además, el menor dice ser gay, entonces ya no sería considerado tan grave. El periodista comentó que en ese caso es una opción que el chico hace y por lo tanto, no es un tema a considerar. Lo cierto es que la sociedad está conmovida, y la gente piensa que hay que cuidar a los chicos.
Yo me pregunto ¿de qué hay que cuidarlos? Los programas de educación pública introducen este tema de la elección sexual, en la cuestión de salud reproductiva se reparten profilácticos a chicos de 13 y 14 años, en los medios de comunicación social se exhiben películas ligeramente consideradas nocivas, porque restringirlas sería violar la libertad de expresión. En las comedias y demás programas de ese tipo de factura argentina, los adolescentes tienen relaciones íntimas y son tomadas como una escena más de la vida cotidiana. Las declaraciones públicas de muchos padres de familia apuntan a sostener que el problema real no son las relaciones íntimas que tienen sus hijas , sino la posibilidad de que queden embarazadas. En consecuencia, los varones pueden seguir su vida sexual como quieran, porque en definitiva no tienen de qué preocuparse, ellos no quedarán embarazados. Por otro lado, si el niño puede hacer una "opción sexual", entiende muy bien de qué se trata la condición de homosexualidad, y el deseo del otro sexo, ¿qué tendría de extraño que tuvieran relaciones íntimas? ¿No es la pubertad un momento de exploración? ¿va a quedar embarazado? No. ¿Por qué se consideraría que el menor es corrompido si está haciendo una elección sexual? ¿El tema se resolvería con que no haya habido video? En ese caso, el hecho quedaría en la intimidad de quienes lo realizaron, y probablemente, podrían continuar su relación con tranquilidad. Si los padres no saben nada, no importa por el momento. Es posible que el Estado apoye luego al chico que "hizo la opción" y pueda ayudar a los padres a aceptar esta realidad que tienen por delante aunque no les guste.
Un razonamiento lógico según la situación de este momento. Por ello me resultó extraño que el caso sea tomado como un caso grave de escándalo. La situación me inspiró el título. Si hay algo que verdaderamente hace a la realidad es cómo queremos verla. Mejor dicho, si algo determina cómo será la realidad es cómo la ordenamos.
Una porciòn importante de argentinos ha visto la necesidad de que los derechos de las personas se vean respetados. Cargamos con el fantasma de la represión. Ya un fantasma como lo mencionaba en otro artículo hace tiempo publicado. Pero también respondemos a una presión global para ponernos al día en un proceso ideológico dominante: el progresismo. Me dí cuenta de que esto es visto como un logro y un bien. Es evidente que quienes son homosexuales y quieren vivir de ese modo, la aprobación de sus costumbres ha sido recibido como un bien. Quienes consideran que tienen derecho a publicar lo que quieran sin ningún tipo de restricción, ni de contención social, también. Son los hechos, y los digo sin juicios de valor. Hoy ya podemos constatar las consecuencias de una aplicación social hecha sin ningún tipo de miramiento. Y nos sorprendemos de sus efectos. ¿no será una actitud hipócrita?
Pero también, mirándolo con otros ojos, es una señal de que la sociedad puede ver los efectos. Otras sociedades lo han hecho. Si pensamos que el gobierno alemán ha decidido premiar a quienes tienen más de tres hijos, cuando hasta hace poco se promocionaba el no nacimiento de más alemanes... vieron las consecuencias y cambiaron de rumbo. Esto es una esperanza para quienes vemos que aceptar la realidad de las personas siempre será un bien, hacer un juicio de valor positivo para el comportamiento de un grupo de personas e imponerlo obligatoriamente sobre todas tendrá efectos negativos, y por ello, no es un bien.
Detrás de todo esto hay que hacer consideraciones lógicas y filosóficas, si se quiere, para encontrar los por qué de todas estas cosas que vivimos y que viviremos en plazo muy corto. Que nos sirvan para reflexionar, aunque tengamos que llorar por lo que vemos, y tengamos el valor de saber reconocer que no todo lo que brilla es oro.
Las cosas están atemperadas porque si hubo consentimiento, y además, el menor dice ser gay, entonces ya no sería considerado tan grave. El periodista comentó que en ese caso es una opción que el chico hace y por lo tanto, no es un tema a considerar. Lo cierto es que la sociedad está conmovida, y la gente piensa que hay que cuidar a los chicos.
Yo me pregunto ¿de qué hay que cuidarlos? Los programas de educación pública introducen este tema de la elección sexual, en la cuestión de salud reproductiva se reparten profilácticos a chicos de 13 y 14 años, en los medios de comunicación social se exhiben películas ligeramente consideradas nocivas, porque restringirlas sería violar la libertad de expresión. En las comedias y demás programas de ese tipo de factura argentina, los adolescentes tienen relaciones íntimas y son tomadas como una escena más de la vida cotidiana. Las declaraciones públicas de muchos padres de familia apuntan a sostener que el problema real no son las relaciones íntimas que tienen sus hijas , sino la posibilidad de que queden embarazadas. En consecuencia, los varones pueden seguir su vida sexual como quieran, porque en definitiva no tienen de qué preocuparse, ellos no quedarán embarazados. Por otro lado, si el niño puede hacer una "opción sexual", entiende muy bien de qué se trata la condición de homosexualidad, y el deseo del otro sexo, ¿qué tendría de extraño que tuvieran relaciones íntimas? ¿No es la pubertad un momento de exploración? ¿va a quedar embarazado? No. ¿Por qué se consideraría que el menor es corrompido si está haciendo una elección sexual? ¿El tema se resolvería con que no haya habido video? En ese caso, el hecho quedaría en la intimidad de quienes lo realizaron, y probablemente, podrían continuar su relación con tranquilidad. Si los padres no saben nada, no importa por el momento. Es posible que el Estado apoye luego al chico que "hizo la opción" y pueda ayudar a los padres a aceptar esta realidad que tienen por delante aunque no les guste.
Un razonamiento lógico según la situación de este momento. Por ello me resultó extraño que el caso sea tomado como un caso grave de escándalo. La situación me inspiró el título. Si hay algo que verdaderamente hace a la realidad es cómo queremos verla. Mejor dicho, si algo determina cómo será la realidad es cómo la ordenamos.
Una porciòn importante de argentinos ha visto la necesidad de que los derechos de las personas se vean respetados. Cargamos con el fantasma de la represión. Ya un fantasma como lo mencionaba en otro artículo hace tiempo publicado. Pero también respondemos a una presión global para ponernos al día en un proceso ideológico dominante: el progresismo. Me dí cuenta de que esto es visto como un logro y un bien. Es evidente que quienes son homosexuales y quieren vivir de ese modo, la aprobación de sus costumbres ha sido recibido como un bien. Quienes consideran que tienen derecho a publicar lo que quieran sin ningún tipo de restricción, ni de contención social, también. Son los hechos, y los digo sin juicios de valor. Hoy ya podemos constatar las consecuencias de una aplicación social hecha sin ningún tipo de miramiento. Y nos sorprendemos de sus efectos. ¿no será una actitud hipócrita?
Pero también, mirándolo con otros ojos, es una señal de que la sociedad puede ver los efectos. Otras sociedades lo han hecho. Si pensamos que el gobierno alemán ha decidido premiar a quienes tienen más de tres hijos, cuando hasta hace poco se promocionaba el no nacimiento de más alemanes... vieron las consecuencias y cambiaron de rumbo. Esto es una esperanza para quienes vemos que aceptar la realidad de las personas siempre será un bien, hacer un juicio de valor positivo para el comportamiento de un grupo de personas e imponerlo obligatoriamente sobre todas tendrá efectos negativos, y por ello, no es un bien.
Detrás de todo esto hay que hacer consideraciones lógicas y filosóficas, si se quiere, para encontrar los por qué de todas estas cosas que vivimos y que viviremos en plazo muy corto. Que nos sirvan para reflexionar, aunque tengamos que llorar por lo que vemos, y tengamos el valor de saber reconocer que no todo lo que brilla es oro.
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miércoles, 10 de octubre de 2012
ABORTO NO PUNIBLE
Ya la frase aparece negativa, y de verdad lo es. Una contraposición invitable lo está declamando: elegimos la muerte de alguien para que otro viva. A simple vista parece que la elección es lo que se plantea. Pero hay que ponerse del lado de los que piensan en la mujer embarazada. Y decirlo ya es comprenderlo. La mujer es el sustantivo y el embarazo es el adjetivo. El asunto pasa por cambiar la situación de una mujer. Este es el planteo para entender la postura a favor de un aborto no punible. La suerte de que se haya dejado la frase negativa delata de lejos que todos sabemos que es punible en alguna situación. Y si lo es en alguna, significa que lo es siempre, porque el objeto de la acción no es una cosa sino una persona.
Volvamos al adjetivo, embarazada. También se ve que la acción es de la mujer "estar embarazada". Es cierto, lo está. La hipocresía en que se transforma aquella "futura mamá" que pasa a ser "mujer embarazada"; aquella foto feliz de la ecografía donde todos los que lo celebran hacen mimos al "bebé" y que ahora es una mirada reclamadora de la infeliz situación de un feto que ha arruinado la vida de esta pobre mujer. Un cambio de sentimientos y de pensamientos en un tris. La misma mujer "que lucha por sus derechos", será mañana la feliz mamá que "hace mucho que esperaba esta noticia". La situación no es de lo que pasa sino de lo que se siente. Y aquí radica la razón sin razón.
Si antes lo científico importaba para decir que algo era verdadero y bueno, ahora ya no lo es. Aunque se haya demostrado por lejos que hay vida humana desde el primer instante de la concepción, eso ya no importa porque lo que hoy cuenta es la ideología. Es decir, cuentan las ideas, no las personas. A mi esto me ayuda a cerrar el por qué de las ideologías totalitarias, que en su esencia son todas lo mismo las dictaduras y el comunismo, el socialismo y las teocracias modernas. En todas hay un lider que se considera el sumum de la interpretación de la realidad, que es incriticable, que cierra medios de prensa, que mantiene a los pobres más pobres porque en realidad lucha por los pobres... con migajas. Y que decide que todo lo que las masas quieran está bien, siempre que lo apoyen. Y que fomenta la violencia como mecanismo de soporte de poder. A ese lider le rinden pleitesía todos los demás que danzan a su alrededor, también los supuestos opositores que son sólo oportunistas dispuestos a ganar cualquier espacio de poder. Pero ya me fui del tema, aunque no tan ajeno a lo que digo.
La ideología que manda determina que las decisiones de los individuos, sin compromisos con la realidad, con la verdad, con el bien común. Sin compromiso con los derechos humanos fundamentales, pero, contradictoriamente, por buscar y apoyar esos derechos humanos. Queriendo justicia "para todos", menos para los más indefensos. Luchando contra el dominio de los imperialistas, pero dejándose gobernar por las decisiones imperialistas de los nuevos grupos de poder que dictan decisiones de las organizaciones internacionales (como el protocolo del CEDAW).
La ideología ofusca la razón, impide ver la realidad, hay que repetirlo, y es fuente de crímenes tan incomprensibles como el asesinato de un niño indefenso a quien se acusa de ser una carga para su madre y se lo llama indeseado, y causa de graves trastornos para la mujer. A tal punto que el aborto, la muerte de esa persona humana, es un derecho de otra. Queda siempre en el aire la pregunta ¿puede la muerte de una persona ser un derecho de otra?
Volvamos al adjetivo, embarazada. También se ve que la acción es de la mujer "estar embarazada". Es cierto, lo está. La hipocresía en que se transforma aquella "futura mamá" que pasa a ser "mujer embarazada"; aquella foto feliz de la ecografía donde todos los que lo celebran hacen mimos al "bebé" y que ahora es una mirada reclamadora de la infeliz situación de un feto que ha arruinado la vida de esta pobre mujer. Un cambio de sentimientos y de pensamientos en un tris. La misma mujer "que lucha por sus derechos", será mañana la feliz mamá que "hace mucho que esperaba esta noticia". La situación no es de lo que pasa sino de lo que se siente. Y aquí radica la razón sin razón.
Si antes lo científico importaba para decir que algo era verdadero y bueno, ahora ya no lo es. Aunque se haya demostrado por lejos que hay vida humana desde el primer instante de la concepción, eso ya no importa porque lo que hoy cuenta es la ideología. Es decir, cuentan las ideas, no las personas. A mi esto me ayuda a cerrar el por qué de las ideologías totalitarias, que en su esencia son todas lo mismo las dictaduras y el comunismo, el socialismo y las teocracias modernas. En todas hay un lider que se considera el sumum de la interpretación de la realidad, que es incriticable, que cierra medios de prensa, que mantiene a los pobres más pobres porque en realidad lucha por los pobres... con migajas. Y que decide que todo lo que las masas quieran está bien, siempre que lo apoyen. Y que fomenta la violencia como mecanismo de soporte de poder. A ese lider le rinden pleitesía todos los demás que danzan a su alrededor, también los supuestos opositores que son sólo oportunistas dispuestos a ganar cualquier espacio de poder. Pero ya me fui del tema, aunque no tan ajeno a lo que digo.
La ideología que manda determina que las decisiones de los individuos, sin compromisos con la realidad, con la verdad, con el bien común. Sin compromiso con los derechos humanos fundamentales, pero, contradictoriamente, por buscar y apoyar esos derechos humanos. Queriendo justicia "para todos", menos para los más indefensos. Luchando contra el dominio de los imperialistas, pero dejándose gobernar por las decisiones imperialistas de los nuevos grupos de poder que dictan decisiones de las organizaciones internacionales (como el protocolo del CEDAW).
La ideología ofusca la razón, impide ver la realidad, hay que repetirlo, y es fuente de crímenes tan incomprensibles como el asesinato de un niño indefenso a quien se acusa de ser una carga para su madre y se lo llama indeseado, y causa de graves trastornos para la mujer. A tal punto que el aborto, la muerte de esa persona humana, es un derecho de otra. Queda siempre en el aire la pregunta ¿puede la muerte de una persona ser un derecho de otra?
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martes, 5 de junio de 2012
SER IGLESIA EN TIEMPO REAL. EL HOY Y SUS DESAFÍOS
+ Felipe Arizmendi Esquivel, Obispo de San Cristobal de las Casas, México
HECHOS
La reciente destitución del director del banco del Vaticano y la
filtración de documentos reservados al Papa, que reflejan posibles
irregularidades internas, han dado lugar a que algunos se solacen
desacreditando la autoridad moral que tiene nuestra Iglesia y a que
personas débiles en su fe desconfíen, duden y se alejen. Sufrimos burlas
y descalificaciones, que se suman al descrédito por los vergonzosos
crímenes de pederastia clerical. Cuando inculquemos valores evangélicos o
denunciemos el pecado, nos van a echar en cara estos hechos; los que no
quieren reconocer sus fallas ni convertirse, se defienden aludiendo
tanto a errores innegables del pasado, como a situaciones actuales nada
coherentes con la fe.
En todas partes y en todas las instancias de autoridad, recibimos
documentos de toda índole; por ejemplo, unos a favor de un sacerdote, y
otros en contra. Nuestro deber pastoral es escuchar, analizar y tomar
decisiones; pero si se divulgan sólo las opiniones desfavorables, no hay
objetividad. En el caso de la Santa Sede, es normal que al Papa le
lleguen escritos de toda clase, para que tenga suficiente información y
decida lo pertinente; pero no por el hecho de que le lleguen denuncias y
se divulguen, ya por eso todas son verídicas y justas. Muchas veces el
escándalo se basa en hechos no comprobados.
CRITERIOS
Que hay pecado en la Iglesia, es inocultable; así ha sido siempre,
dada la condición humana de quienes la integramos, de fieles y
jerarquía. Esto no es privativo de la católica, sino que existe en las
más diversas denominaciones religiosas. En días recientes, visitando un
centro penitencial, los internos me informaron que fue detenido un
pastor protestante quien, bajo la apariencia de llevar la Palabra de
Dios, introducía droga al penal. Otro más, que despotricaba contra los
“católicos borrachos”, ahora está recluido en un centro de
rehabilitación para alcohólicos. El pecado, pues, existe en toda la
humanidad. Esto no es para autojustificarse, pues el pecado siempre es
reprobable y hay que luchar contra él. Todos los días, al empezar la
Misa, reconocemos nuestra condición de pecadores y pedimos perdón.
La Biblia nos ilumina. Caín no toleraba que su hermano Abel fuera
mejor, y lo mató. El rey Saúl no soportaba que David fuera más exitoso, y
trató de eliminarlo. La envidia y la ambición de poder corroen el
corazón humano. Los apóstoles, escogidos por Jesús, peleaban entre sí
por los primeros puestos; uno de ellos se dejó corromper por sus
ambiciones personales. San Pablo advertía a los creyentes de Galacia:
“Háganse servidores los unos de los otros por amor. Porque toda la ley
se resume en un solo precepto: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. Pero
si ustedes se muerden y devoran mutuamente, acabarán por destruirse…
Son manifiestas las obras que proceden del desorden egoísta del hombre:
las enemistades, los pleitos, las rivalidades, las rencillas, las
divisiones, las discordias, las envidias…; quienes hacen estas cosas, no
conseguirán el Reino de Dios… Si vivimos según el Espíritu, obremos
también según el Espíritu. No busquemos la gloria vana provocándonos los
unos a los otros y envidiándonos mutuamente” (Gál 5,13-26).
Ha dicho el Papa: “La Iglesia no existe para sí misma, no es el punto
de llegada, sino que debe remitir más allá de sí misma, hacia lo alto,
por encima de nosotros. La Iglesia es verdaderamente ella misma en la
medida en que deja transparentar al Otro”; es decir, a Jesucristo; sin
embargo, “nuestras divisiones hacen que nuestro testimonio de Cristo sea
menos luminoso”. Pero, “a pesar de los problemas y la trágica realidad
de las persecuciones, la Iglesia no se desalienta”.
PROPUESTAS
Yo creo que Jesús sigue vivo en esta su Iglesia, fundada por El, a
pesar de sus limitaciones. Te invito a madurar en tu fe y en tu amor, a
buscar a Jesús en tu comunidad de creyentes, en los pobres, en los
sacramentos y en tus ministros, máxime en el Papa, y no alejarte ni
desanimarte por nuestras fallas. Ayúdanos, con tu oración y tus
consejos, a purificarnos y santificarnos, para que seamos un sacramento
vivo de Jesús.
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sábado, 19 de mayo de 2012
TENEMOS ESPERANZA
El mundo parece seguir siendo de los necios. Pero me confunden las cosas como se desenvuelven. En mi País tenemos grandes exposiciones culturales que llaman la atención de miles de ciudadanos, y a la vez, a pocas cuadras ocurre una manifestación armada por quienes quieren manejar el poder con la imagen, más allá otros luchan por una igualdad de oportunidades para tantos carenciados que no tienen la posibilidad de una educación que les permite buscar horizontes más altos. Pero a la vez se declama una igualdad que permitirá a quienes no encuentran el rumbo de la vida, seguir sin encontrarlo, pero bien convencidos de que han progresado porque han adquirido un derecho.
Se reparten masivamente computadores. Prece que hemos alcanzado una excelencia en la educación. pero los niños siguen preparando sus "investigaciones" copiando y pegando de internet muchos datos que jamás leerán. El acseso a la tecnología se confunde con una posibilidad real de progreso cultural. ¿lo es?
La misma ciencia parece plantearse como un hito de crecimiento y maduración de los pueblos. Pero la ciencia, como ya lo comenté y ahora más, no es ni siquiera el referente para pensar en una visión del hombre. Ser varón o mujer, aunque lo demuestre la biología, la psicología y la anatomía, es una creación cultural. ¿qué tal? Se acabó el mito de la ciencia.
Pero este es el mundo que aparece y desaparece. que vemos surgir en pocos años de historia y lo vemos desaparecer. Los que ayer eran los villanos hoy son los héroes, y mañana será al revés. Mientras tanto miramos hacia el horizonte de donde viene la luz para sentir y vivir el que no estamos en este devenir de la historia como juguetes al son de los poderosos. Somos un resto de humanidad que sostiene con la vida lo que seguirá siendo la fuente de donde renacerá el hombre y que sostendrá en el momento de la caída, a la gente, a los valores a las cosas que siguen diciendo que somos seres humanos y que valemos mucho. Somos la Iglesia.
Se reparten masivamente computadores. Prece que hemos alcanzado una excelencia en la educación. pero los niños siguen preparando sus "investigaciones" copiando y pegando de internet muchos datos que jamás leerán. El acseso a la tecnología se confunde con una posibilidad real de progreso cultural. ¿lo es?
La misma ciencia parece plantearse como un hito de crecimiento y maduración de los pueblos. Pero la ciencia, como ya lo comenté y ahora más, no es ni siquiera el referente para pensar en una visión del hombre. Ser varón o mujer, aunque lo demuestre la biología, la psicología y la anatomía, es una creación cultural. ¿qué tal? Se acabó el mito de la ciencia.
Pero este es el mundo que aparece y desaparece. que vemos surgir en pocos años de historia y lo vemos desaparecer. Los que ayer eran los villanos hoy son los héroes, y mañana será al revés. Mientras tanto miramos hacia el horizonte de donde viene la luz para sentir y vivir el que no estamos en este devenir de la historia como juguetes al son de los poderosos. Somos un resto de humanidad que sostiene con la vida lo que seguirá siendo la fuente de donde renacerá el hombre y que sostendrá en el momento de la caída, a la gente, a los valores a las cosas que siguen diciendo que somos seres humanos y que valemos mucho. Somos la Iglesia.
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viernes, 18 de mayo de 2012
RENOVAR LA IGLESIA
¿Cómo vivir los tiempos presentes? Como católicos tenemos que asimilar un estilo de vida que para nada nos favorece. Pero a decir verdad no es distinto de lo que le tocó a los primeros cristianos. Basta leer los capítulos 5 al 7 de la Primera Carta a los Corintios para darse cuenta. Den esos hechos saco que tenemos que estrechar filas. Y aquí está el verdadero desafío.,
Tampoco se nos escapa la desobediencia de muchos católicos que quieren aggiornarse a las decisiones presentes de legislación, que está siendo lo más notable de los cambios. Sumemos a los grupos grandes de la Iglesia, también liderado por Obispos que no tienen una comunión tan plena con el Papa, y silencian muchas cosas que nos afectan en lo más profundo, dándose el gusto de criticar ácidamente al ministerio episcopal en comunión con la Sede de Pedro.
Vivir la unidad de la Iglesia y estrechar filas, será difícil. Tampoco esto se escapó a la vivencia de los Apóstoles. Volvamos a San Pablo que fue tratado bastante mal por los Corintios y que escuchó del Señor que se quedara en Corinto, cuando recién empezaba a evangelizar porque allí el Señor tenía un pueblo elegido. Para adelante las situaciones se multiplican. Las luchas de la Iglesia hasta el siglo V que hicieron surgir grandes maestros de la fe, pero que tuvieron que enfrentarse con luchas doctrinales que no fueron "luchas de escritorio". La Iglesia, como siempre, salió fortalecida de aquellos duros combates. Y siempre volvió a la fuente: la unidad en torno al Sucesor de Pedro, sobre quien el Señor edificó su Iglesia. ¿dónde están los que pensaron que tenían la verdad en sus manos? ¿dónde los que atacaron al Papa entonces? ¿Dónde están los seguidores de los maniqueos, de los docetistas, de los cátaros, los albigenses? Ya no existen porque sus teorías tan encarnizadamente defendidas en torno a la supuesta razón, fundados en sus teólogos y no en el misterio de la unidad de la Iglesia iluminada por el Espíritu Santo no estaba en ellos.
La unidad comenzará por esta fidelidad a la Iglesia de siempre, la que cada día experimenta la fragilidad propia y le fidelidad del Señor en una humanidad transfigurada por la Pascua. Sigamos haciendo la Historia.
Tampoco se nos escapa la desobediencia de muchos católicos que quieren aggiornarse a las decisiones presentes de legislación, que está siendo lo más notable de los cambios. Sumemos a los grupos grandes de la Iglesia, también liderado por Obispos que no tienen una comunión tan plena con el Papa, y silencian muchas cosas que nos afectan en lo más profundo, dándose el gusto de criticar ácidamente al ministerio episcopal en comunión con la Sede de Pedro.
Vivir la unidad de la Iglesia y estrechar filas, será difícil. Tampoco esto se escapó a la vivencia de los Apóstoles. Volvamos a San Pablo que fue tratado bastante mal por los Corintios y que escuchó del Señor que se quedara en Corinto, cuando recién empezaba a evangelizar porque allí el Señor tenía un pueblo elegido. Para adelante las situaciones se multiplican. Las luchas de la Iglesia hasta el siglo V que hicieron surgir grandes maestros de la fe, pero que tuvieron que enfrentarse con luchas doctrinales que no fueron "luchas de escritorio". La Iglesia, como siempre, salió fortalecida de aquellos duros combates. Y siempre volvió a la fuente: la unidad en torno al Sucesor de Pedro, sobre quien el Señor edificó su Iglesia. ¿dónde están los que pensaron que tenían la verdad en sus manos? ¿dónde los que atacaron al Papa entonces? ¿Dónde están los seguidores de los maniqueos, de los docetistas, de los cátaros, los albigenses? Ya no existen porque sus teorías tan encarnizadamente defendidas en torno a la supuesta razón, fundados en sus teólogos y no en el misterio de la unidad de la Iglesia iluminada por el Espíritu Santo no estaba en ellos.
La unidad comenzará por esta fidelidad a la Iglesia de siempre, la que cada día experimenta la fragilidad propia y le fidelidad del Señor en una humanidad transfigurada por la Pascua. Sigamos haciendo la Historia.
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