miércoles, 17 de abril de 2013

DAR PASOS DE FIDELIDAD

Definitivamente sólo hay que comenzar. Buena la publicación donde evangelizar no significa cortar y pegar. Es comenzar a dejar que lo que tengo de riqueza se ponga al servicio de muchos. Ser creativos. Una consigna que comienzo a aplicar con mayor fuerza y que pienso que todos tenemos que hacer.

¿Qué es creatividad y cómo se compagina con fidelidad? Este es un punto importante a la hora de buscar una nueva evangelización. Ya señalé que romper con la historia de modo absoluto es un error. Fue la lucha de Benedicto XVI. Es cierto, muy europeo el Santo Padre para decirlo. Pero al fin y al cabo fue él. Y está bien, nos enriqueció con un magisterio impactante. Sentí que su fidelidad bien pensada, inteligente, fiel, estaba revestida de algunos gestos que parecieron no acompañar esa audacia que tan bien se le ha notado, por ejemplo su gusto de retomar el uso de algunos ornamentos litúrgicos que dieron pie a muchos a pensar que "volvíamos atrás". Unos se alegraron, otros se entristecieron. Esos gestos no permitieron valorar, a mi parecer, la inmensa riqueza que nos dejó, y favoreció, sin proponérselo, que nos quedaramos en cosas que se sentían superficiales. Rescato un gestos de catolicismo auténtico: la carta a los católicos chinos, la apertura a los anglicanos, el buen diálogo con los ortodoxos, los judíos y los musulmanes, la revalorización de la Misa de Juan XXIII, la disposición al diálogo con los ateos. Y hay muchos más.

Pero no me propongo hablar del Papa emérito, sino de ver cómo estamos en este momento en que la llegada del Papa Francisco ha plasmado un nuevo rumbo, pero que está ciertamente fundado en los pasos que dejó el Papa Benedicto. A lo aportado por este último ahora se suma la simplicidad, el volver la mirada hacia los laicos con más decisión, a descubrir que la Iglesia es guiada por el Espíritu Santo no sólo desde las oficinas de la Santa Sede, ni de las curias episcopales, sino que es toda la Iglesia la que resucita contínuamente en la realidad histórica. No se asuste nadie. No hablo de una democratización. Esto sería grosero. No son categorías que se pueda aplicar al Cuerpo de Cristo. Hablo de abrir los oídos al Espíritu que vive en su Iglesia. Es posible. En una iglesia  carismática, no monárquica; orgánica, no indiferenciada.

Creo que los peligros radican más bien en las inspiraciones ideológicas. Estas son las que arruinan las buenas motivaciones. El Papa nos está dando una pista muy clara. Nos libramos de esto cuando vemos desde el Evangelio todas las realidades. Cuando las despojamos de las tradiciones con minúscula y nos asentamos en las Tradiciones con mayúsculas, esas que los Padres de la Iglesia afirmaban con tanta frescura. Todo su lenguaje era Evangelio. Es un momento de confusión en el pensamiento. Veo que algunos corren hacia los antiguos pensadores y otros creen ser pensadores innovadores, pero son infieles cuando se fundan en ideologías de moda y no disciernen estas. Cuando hacen proposiciones de ruptura con lo más esencial de la vida del cristiano creyendo que descubrieron la pólvora.

Esto es lo que hace difícil un buen discernimiento de fidelidad auténtica. Y esto para el laico más sencillo. El influjo de estilos de vida, ideologías dominantes, razonamientos dominantes, confunden al creyente más fiel. Otros sucumben ante los pensadores modernos con ideas que se les ocurrieron quién sabe cuando. Otros corren a refugiarse en un pietismo desencarnado. Buscan una fidelidad religiosa que no responde a las inquietudes de los muchos sedientos del Evangelio. Parece que se nos rompió la brújula. Pero ella está, sigue siendo el Evangelio de Cristo, leído y vivido en la comunidad, en la totalidad del Cuerpo de Cristo. En la fidelidad al Magisterio, y en la creatividad del pueblo llamado a la nueva evangelización.

martes, 16 de abril de 2013

LA ESPERANZA DE UN CRISTIANISMO NUEVO

El Papa ha llamado a ser coherentes. Si un pastor, o un fiel común no son coherentes en su vida cristiana, desprestigian la Iglesia, desprestigian el Evangelio. Esto es una realidad que no se necesita comprobar mucho. Pero lo que es llamativo es que si un laico, un bautizado común, es incoherente, esto no parece pesar mucho en la sociedad. Por ejemplo, si es un católico famoso por ser actor, no importa que tenga dos mujeres, que haya estafado a alguien, etc. Si ese mismo laico es catequista, entonces estalla la bomba, y todo es desprestigio para la Iglesia.

Creo que el llamado del Papa confirma lo que pienso: es la hora de los laicos, es la hora de que los bautizados asuman su importante misión, no sólo siendo buena gente, sino haciendo notar que esa bondad proviene de Cristo, de su fe, de su ser Iglesia. Esta condición eclesial necesita de una identidad propia, de una espiritualidad propia.

Es verdad, son tiempos difíciles. La invasión de las ideologías, la ignorancia religiosa, y la mundanización de los laicos, son obstáculos fuertes. Cuántos laicos que rezan cada día, se visten como paganos, hablan como ateos y callan como culpables. Cuántos bautizados buscan alguna ayuda espiritual en cualquier medio, se creen cualquier verdura y rechazan la más elemental espiritualidad cristiana que ha sido fuente de vida y de alegría por siglos y siglos. El rechazo de todo lo que pasó hace que se busque una contínua novedad que se expresa en hacer algo que nunca hicimos y que se entiende como un verdadero crecimiento, cuando en realidad es negación del tesoro que ya compartimos. Necesitamos cristianos creíbles, los clérigos y los religiosos también los necesitamos. Nuestra fe es fecunda y maravillosa.

lunes, 15 de abril de 2013

PENSAR PARA EVANGELIZAR

Agradezco esta pequeña obra compilación de pensamientos de Benedicto XVI sobre la fe. En el último tema aborda el hecho de la Iglesia en el año 2000 y hace una memoria histórica de la semejanza de fines del siglo XVIII con este siglo XXI, dice " la situación actual es comparable ante todo al periodo del llamado modernismo, y en segundo lugar, al final del rococó...la crisis actual es sólo la reanudación, diferida durante mucho tiempo, de lo que empezó entonces". Y ¿Qué quiere decir con esta afirmación? Establece semejanzas  como las siguientes: En la Ilustración se da el decidido rechazo de la historia, esta no se debe tener en cuenta, sino actuar simplemente de modo racional. El papael ene general de las palabras como racional, transparente y otras se establece. Se intentó simplificar la liturgia, se quería introducir en la liturgia la lengua vernácula (lengua en que habla cada pueblo), tuvo un movimiento episcopal que quería subrayar la importancia de los obispos en contraposición de la figura del Papa; aparece la figura del Vicario Wessenberg de Constanza que pide la abolición del celibato. En el Sínodo de Pistoya, donde participaron 234 obispos en 1786 se trató de traducir las ideas de reforma pero fue un fracaso. 

¿No parece increíble? Pero es la realidad presente. Por supuesto, para bajar los ánimos de los exaltados, recordaré que en esta obra el Papa Benedicto también hace referencia a que todo esto, por una serie de exageraciones y desconsideraciones de los que sostenían estas ideas, fue al fracaso y se perdieron buenos planteamientos.

Por otro lado, no estará demás decir que la situación histórica presente no tiene nada que ver con aquellos años ni las motivaciones de aquellos años para llevar a los planteos y sus semejanzas con los presentes. Hoy también, por si acaso alguno no se dió cuenta, aparecen los que sostienen estas ideas y otras más: sacerdocio de las mujeres, liturgias locales, etc. Lo actual no proviene de una ruptura histórica idéntica. El subjetivismo de Kant que inspiró toda aquella época, no es idéntico al subjetivismo actual de la época globalizada. Este me parece un factor decisivo para pensar que estas semejanzas provienen no sólo de este influjo lejano y real, sino también de una nueva ambición que no está sellada por una supuesta democratización de la cultura, sino por la ambición de nuevos espacios de poder y necesidad de imponer caminos ideológicos quizá más fuertes que entonces.

Pero subrayo que, mirando positivamente esta nueva realidad, no se impone la condenación del modernismo que hizo en su momento Pio IX, sino considero que es alentador pensar aquellas cosas positivas que pudieron rescatarse de entonces. Aquí viene una pista de la reforma de la Iglesia tan necesaria según muchísimas voces. Pero para los que la palabra reforma suene demasiado "fea", diré "el nuevo camino evangelizador de la Iglesia". 

Es un pensamiento apenas esbozado, lo sé. Sé también que muchos están inquietos por los nuevos aires eclesiales. Hay muchos peligros ideológicos dando vueltas. Muchos anhelan volver hacia atrás, ponerse en lo que era más seguro, y afianzar el pasado como punto de referencia. La gran inspiración del Concilio Vaticano II vino a causa de que la Iglesia necesitaba ponerse a la altura de los tiempos, pero no al revés. Y estos tiempos siguen pasando con una velocidad mayor, con un cuestionamiento mayor donde lo que seguimos viendo los cristianos es que el Evangelio es la gran necesidad de la humanidad.

Los evolucionistas, así los he llamado, piensan que toda la historia va en una evolución donde las cosas del pasado son una referencia anticuada del presente. El hoy, si bien tuvo su sustento en el pasado, evolucionó de modo que lo que ayer era consistente hoy se extinguió, perdió su lugar, fue superado. Así se piensa de todo principio, y valgan las observaciones de Benedicto XVI, fundado en pensamiento anterior fue superado. Este es sin duda un gran error, y una ilusión que nos está dando grandes dolores de cabeza a todos los hombres, creyentes o no. Este evolucionismo y agrandamiento de los poderes del Estado, nos llevan progresivamente al mismo punto de la historia aún no superada de aquellos regímenes totalitarios donde nadie puede pensar diferente. O donde todos pueden pensar cualquier cosa, siempre que no toquen el poder del que lo detenta. 

Estos pensamientos los comparto en torno a pensar una nueva evangelización, y sabernos parar en puntos firmes de partida. No dejarnos engañar por las ideas que están hasta en el vecino de al lado, no son de pensadores de escritorio, sino de cosas muy prácticas que obstaculizan tener el corazón dispuesto para recibir el amor de Dios. O bien, confunden al cristiano que quiere vivir su fe y no sabe por dónde va a empezar, o cómo lo va a hacer. 

domingo, 14 de abril de 2013

SIETE MINUTOS PARA EL PRESENTE

Sólo tengo ese tiempo para hacer este post. Y quiero compartirles una lectura que me impactó, bueno, dos lecturas que me impactaron. Una de Benedicto XVI: el presente es un instante que está entre el pasado y el futuro, pero apenas lo vivimos ya pertenece al pasado. Esto que parece sólo un pensamiento que en realidad él cita, no es más que una apreciación cierta del mismo título del post, pero es a la vez, una apreciación de cómo vivimos las realidades de cada día. Me costaba comprender a muchos que parece que no tienen ni una consideración de dónde vienen (ahora sé que es verdad) y que no parecen pensar en el futuro (ahora me doy cuenta por qué). Y así encuentro muchos jóvenes que tienen hijos como si fuera ¡qué hermosa novedad!  y nada más. Pero viven sólo el presente, no piensan si ese niño podrá ser cuidado, si seguirán juntos los padres, si... etc. Sólo este presente. Pero que a la vez no importa mucho porque ya pasó. No, no es un discurso filosófico. Es una realidad patente.

El otro pensamiento impactante es el sentido de los derechos del individuo que sólo se viven subjetivamente. O sea, sólo importo yo y mis derechos. Ya lo sabemos: abandono escolar, indiferencia sobre el bien de los otros, inseguridad, ricos cada vez más ricos y pobres cada vez más pobres, etc. Viva yo, o sea. ¿Y los deberes? Nada, eso es anticuado. Pero esto se proyecta sobre Dios, sobre la relación con Dios. ¡Con razón tanto éxito en las sectas paracristianas y en el evangelismo (disculpen, sin ofender). Se resalta la relación personal con Dios, pero sólo eso. Lo comunitario no tiene más gravitación que el valor moral de responder a las indicaciones de Jesús solo. El otro dejó de ser un punto de referencia de fe. La Iglesia, comunidad de fe, dejó de ser un punto de referencia. Para rematarla, el desprestigio de los que forman parte de ella parece ser una razón válida para abandonarla. Notemos que no ocurre así respecto de los candidatos políticos, los gobernantes, los dirigentes gremiales ni los famosos. Ellos lo pueden todo, no importa, los perdonamos. (???)

Este subjetivismo también ha sometido a Dios. El puede venir a bendecirme, a darme paz, a hacerme sentir bien. Hasta no entiendo por qué tengo que confesarme si he pecado, después de todo soy humano como todos. Pero hay algo que él no puede (aunque sea todopoderoso): pedirme que cargue la cruz. Eso no. Si así es el caso: me abandonó, ya no creo en Dios, estoy enojado con él. Debiera darnos explicaciones por qué las cosas están tan mal y él no interviene, después de todo me afecta.

Se me pasó el tiempo, tomé tres minutos prestados. Me pareció interesante compartir esto. Ahora entiendo muchas cosas más y  me doy cuenta cómo podría afrontarlas. ¡Que venga tu Reino!

sábado, 13 de abril de 2013

REFORMAR LA IGLESIA

¡Qué frase fuerte! La vengo escuchando de hace algunos años. Tomó más fuerza en los últimos meses del Pontificado de Benedicto XVI. A decir verdad, no me imaginaba por dónde debía comenzar; y no me imaginaba definitivamente ¡por dónde comenzó! Pero la reforma parecía que significaba un Concilio Vaticano III, para otros por una mirada hacia atrás, para otros una mirada hacia adelante. Creo que nadie miraba hacia afuera. Y esta era la mirada del Cardenal Bergoglio. La Iglesia no puede estar mirándose siempre a sí misma, dijo. Ahora le entendí la frase. El punto referencial son las ovejas. En pocas palabras, en vez de mirar dónde uno quiere que vayan las ovejas, es mejor ver adonde van y seguirlas. Otra frase fuerte para los que piensan que esto desordena la Iglesia gobernada por el Espíritu Santo. Pero sin darse cuenta, tal vez, piensan que el Espíritu Santo sólo ilumina a algunos en la Iglesia y no a toda ella.

Los tiempos confusos hacían prever que es necesario estrechar filas. Así lo sentí yo por mucho tiempo. Pero este estrechar filas no es entre nosotros, sino estrecharlas junto a Cristo, esto es, consecuentemente, junto al Espíritu Santo. El asunto parece fácil, pero no lo es. Perder los miedos de perder la Iglesia, ahí está el asunto. Creer en el Espíritu Santo como guia seguro de la Iglesia, y no sospechoso. Leía artículos truculentos de por qué este Papa no es el verdadero sucesor de Pedro, lo eligieron mal. Y leía artículos donde este Papa es el que el Espíritu Santo quería. Reconozcamos que esta última visión es la de más fe por el hecho de que la razón es objetiva. Igual no faltan los que consideran que el Espíritu Santo inspiró lo que es de su propio gusto y lo desconocen cuando las cosas no son como ellos las piensan.

Nos parezca o no, Jesús sigue cumpliendo sus promesas, y espero que todos los creyentes no lo dudemos. ¡Señor, sigue bendiciendo a tu Iglesia; sostén a tu elegido como sucesor de Pedro!

jueves, 14 de marzo de 2013

UN NUEVO PAPA, UN NUEVO CAMINO

Había escrito un texto para compartir en torno a todo lo que se dice en los medios respecto de la elección del Papa, pero la noticia de quién fue elegido me dejó sin palabras. Y sobre todo me dejó en claro la inutilidad de ponerse a pensar en lo que se dice, para poner atención en lo que se hace.

Quizá esta sea la suficiente respuesta para todo lo que se ha dicho. Da pena que la fe débil de muchos católicos se ve afectada por todas las mentiras, supuestos, morbosidades y demás que distraen la atención de lo más importante: Cristo sigue manteniendo su promesa, nos ha dado un pastor, ¡y cuál pastor! Eso lo podemos decir los argentinos que más de cerca o más de lejos, conocemos al  Papa.

Este detalle nos saca a los creyentes de la simple consideración de la nacionalidad del Papa, o su equipo de fútbol favorito. Esto nos acerca a su figura, pero sabemos sobradamente que para nosotros es el Vicario de Cristo. Esta expresión va a tomar otro matiz en este Pontificado. Se ve claramente desde los primeros gestos. Pero aún así, más allá de la sorpresa, de los gestos y de demás consideraciones; nos abrimos a un momento de la Iglesia que nos marcará un derrotero en el camino de la Nueva Evangelización, meta primera de todo este presente. Que tengamos la fe necesaria para caminar junto con el Papa del modo que él nos enseñará. Que tengamos la mirada feliz de la Iglesia que siempre se renueva por el poder del Espíritu Santo. Que tengamos esa obediencia activa que nos compromete con la voz de nuestros pastores, del pastor que es garante de la unidad católica, de una fe centrada en el Evangelio de siempre, el Evangelio de Cristo que por generaciones y generaciones los cristianos hemos querido vivir.

martes, 12 de febrero de 2013

Carta abierta al Santo Padre

Santidad:

Así escucho que lo llaman cuando se dirigen a Ud. y siguiendo esa costumbre lo hago ahora. A decir verdad, mi cercanía con Ud. me hace un poco difícil considerar que esa expresión abarque lo que Ud. significa para mí como para millones de católicos. No lo digo por el significado de la palabra en sí, le viene muy bien por la misión que el Señor le ha confiado, sino lo digo por lo cercano que me resulta su persona, su Magisterio y su presencia en el vida de la Iglesia a la cual amo. 

Por esta razón quería escribirle esta carta. Su anuncio de ayer nos ha dejado helados, pero a la vez nos ha abierto el corazón para mirar desde allí la Iglesia en este tiempo, en este día. Todos comprendemos lo que significó para Ud. el peso de este ministerio, como todos también nos hemos sentido alentados y protegidos por su firmeza, su sensatez, su aguda inteligencia y su gran discernimiento. Sabemos que ha sufrido y sufre la incomprensión no sólo del mundo, sino también de muchos bautizados. A veces queremos todos agarrar el timón de la barca de Pedro. Todos sabemos por dónde tiene que ir la Iglesia, pero no todos aprendimos que el camino es el de la obediencia y el de la cruz. Ese camino hoy Ud. nos lo ha mostrado con su gesto. Y nos lo viene mostrando desde mucho antes de asumir como Obispo de Roma. 

Gracias, Santo Padre, por tanto. Por su magisterio: certero, sencillo, profundo, claro. Por sus decisiones: audaces, necesarias, arriesgadas, proféticas. Por sus intervenciones allí donde hace falta la mano firme del Padre que cuida y corrige. Gracias por no haber perdido el sentido en esta vorágine de ideas, santones, falsos profetas, filosofías, y también falsos hermanos. Gracias al Señor que lo ha fortalecido mucho más de lo que su frágil salud hubiese podido humanamente hablando. 

Siento que me he demorado en escribirle porque sopesar lo que uno tiene que decirle a un padre tan querido, no es tan sencillo. Todavía no ha aflorado todo lo que hay en el corazón. Y compartirle esto es decirle lo importante que Ud. ha sido y es para mi como para todos los católicos del mundo. Importante también para los anglicanos, para las Iglesias cristianas, para los judíos, para los musulmanes. Sin que esto quiera imponer su persona a estos otros, sino porque su decidido caminar ecuménico y dialógico ha abierto las puertas de una fraternidad querida ya por el Concilio, reafirmada por Pablo VI, buscada por Juan Pablo II y concretada por Ud. 

Me ha asombrado su realismo incluso cuando asumió la cátedra de Pedro. No se amilanó ante la gigantesca figura de Juan Pablo II. No quiso compararse, ni intentó remedarlo. Fue Ud. mismo. Y esa fue la fuente desde donde el Espíritu Santo pudo decir a la Iglesia, a través de Ud., lo que es necesario oir. 

Sé que muchos hablan y hablarán de Ud. en estos días. Yo no quiero hablar de Ud., sino llegar a Ud. con corazón de hijo para abrazarlo y darle las gracias. Lo voy a extrañar. Y quiero decirle que, aunque estamos físicamente muy lejos, y Ud. ni noticias de mi existencia tendrá, estoy cerca de Ud. porque no lo he dejado de comprender como un hermano, un padre, un siervo de Jesucristo. 

El Señor lo bendiga, Santo Padre, y la Virgen lo proteja.