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miércoles, 14 de mayo de 2014

MIRA QUE ESTOY A LA PUERTA, Y LLAMO

En estos días he recordado a Pedro. Este señor vecino de la Parroquia de N. S. de Luján y S.Pedro y S. Pablo de Campana, lo conocimos cuando se acercó para pedir una bendición para su esposa. Su señora llevaba más de 10 años, creo que 14 o 16 años, en cama enferma. Ya no podía hablar ni mover sus brazos. Pedro le daba de comer en la boca, la cambiaba, la bañaba, y estaba sentado a su lado durante casi todo el día. El mismo limpiaba la casa y cocinaba.

Mientras estaba al lado de su esposa, leía las Sagradas Escrituras. Cuando niño había vivido en el campo y él sabía que había sido bautizado, pero no tenía más noción de la fe. Ya entonces se interesó por conocer a Dios y pensaba que para acercarse a El tendría que leer la Biblia. Se compró una y comenzó a leerla. Siempre en el campo, nadie lo instruyó para que lo hiciera. Por sí mismo aprendió lo que eran los capítulos y versículos. Y meditaba lo que leía. Me decía que no podía comprender muchas cosas, pero sabía que era Dios el que hablaba y eso le bastaba en algunos momentos, que en realidad no sabía nada. Entrando en diálogo con él, podía darme cuenta que eso último era lo único que no era cierto de su afirmación. Pedro tenía la sabiduría que da el Espíritu Santo a quien se acerca por la fe las Sagradas Escrituras. Y un detalle de su narración me lo confirmó.
Alguna vez, viviendo él ya en la ciudad, llegaron los Testigos de Jehová y lo invitaron a sus reuniones. Le explicaron algunas cuestiones de la Biblia en esa visita; y él fue a esas reuniones. Su interés era saber más sobre Dios y encontraba una posibilidad en esa invitación. No tardó en darse cuenta que eso no era, que no era de Dios. El había leído las Escrituras por mucho tiempo, y sentía en su corazón que lo que ellas decían no era lo que los Testigos de Jehová le transmitían y dejó de ir. Quién iba a decir que aquellas palabras de la Constitución sobre la Divina Revelación (Dei Verbum) del Concilio Vaticano II que afirma que, los fieles, mediante la meditación asidua de la Escritura ayudan a toda la Iglesia a profundizar en su conocimiento; las vería cumplidas en la vida de este hombre del campo, venido a la ciudad y operario de fábrica, guiado por el amor a Dios y al prójimo (en la vida de su esposa)

No pasó mucho tiempo y su esposa falleció. Su dolor fue grande, y allí fue la segunda lección de vida y de fe que este querido hermano me dio. Le costó mucho asumir la ausencia de su esposa. Pero su señora ya llevaba ausente muchos años, aunque para él no. Su amor, profundamente humano, lo había llevado a esa comunión que trasciende lo puramente físico, e incluso, el legítimo querer una compañera que se ocupara de él. No, él entendía el amar como el ocuparse de la amada. ¿No es ese el verdadero amor de pareja? Ya se había olvidado lo que era salir a pasear, o ver un paisaje lindo. No conocía desde hace años más que el estar al lado de esa persona tan amada que llenaba sus días y a la que valía la pena atender con tanta dedicación.
 Pedro sabía que él era católico, pero era lo único que sabía de su fe. Claro, también sabía que tenía que hacer la Primera Comunión, aunque no sabía muy bien qué significaba. Lo invité a comenzar a prepararse para ese Sacramento y para la Confirmación también. En ese momento habíamos comenzado en la Parroquia a hacer Círculos Bíblicos en los que él participó. De él aprendí a buscar una página bíblica con un particular mover la esquina de las páginas con un solo dedo. Hasta hoy lo uso, y, cada vez que lo hago, su imagen se presenta a mi memoria.

Una enfermedad tan cruel como rápida, puso fin a sus días entre nosotros. El Señor me dio la gracia de poder asistirlo con el Sacramento de la Unción que recibió con esa fe inquebrantable largamente probada. Sé que todos esos momentos a los pies del Maestro, escuchando su Palabra, hoy han dado para él el fruto magnífico del secreto que contienen: la vida eterna. Me gustaría compartirles una foto de él, pero no la tengo escaneada, y, donde vivo, no tengo esa posibilidad.


Gracias, Pedro, por haber llegado un día a golpear la puerta de nuestra casa. Gracias porque tan sólo tu vida valió la pena de todas las alegrías, tristezas, esfuerzos y trabajos de vida pastoral en aquella Comunidad. Has sido un consuelo para mi discipulado y un estímulo para amar más la Palabra de Dios. Que el Señor me conceda un corazón de niño como el tuyo así podré entrar en el Reino de los Cielos. Amén!!

lunes, 21 de mayo de 2012

MORIR DIGNAMENTE ES VIVIR DIGNAMENTE

Pero no al revés. Léanlo y verán que la frase queda patética. Aquí, curiosamente, el sujeto no puede intercambiarse con el predicado. Sí. No estamos hechos para la muerte. Aunque vivimos un mundo absolutamente contradictorio. Por una parte están las personas que se esterilizan para no tener más hijos, y no por motivos de salud. Y por otro están las que buscan métodos artificiales de fecundación. Por una parte están los que luchan por el derecho a decidir de las mujeres; y para esos mismos, están las mujeres que no tienen derecho a decidir porque como están en el vientre de la madre aún, no se lo preguntan. Por un lado están los que no quieren morir y por otro los que sí quieren hacerlo. Por un lado se crean organismos para prevenir el suicidio de las personas, y por otro se planifican leyes para que la gente se pueda suicidar.

La discusión que publicaron los diarios días pasados sobre la "muerte digna" no fue más que una ensalada de puntos de vista donde más parecen privar los sentimientos. Siempre los sentimientos, nunca la razón. Es cierto que el dolor de muchas personas merece ser respetado y mucho. Pero también es cierto que los sentimientos no lo son todo. Parece que no podemos entenderlo. Por sentimientos se aprobó el pseudomatrimonio homosexual; por sentimientos se promueve el aborto, el cual necesita el apoyo de las estadísticas (las cuales en nuestro País no son un punto de referencia de la realidad) para avalar una decisión previamente tomada. Se habla de casi medio millón de mujeres que mueren por aborto clandestino. ¿Y el medio millón de niñas y niños que mueren por ese mismo motivo a la misma vez? La diferencia está en que esas mujeres que murieron por abortar lo hicieron porque eligieron la muerte de sus hijos, mientras que los hijos nunca decidieron nada. ¿Puede alguien decidir sobre la muerte de otro para salvar la propia vida? ¿Puede una madre decidir la muerte de su hijo para salvar la suya? ¿Es lógico tener una asistencia social para no morir en el aborto y asegurarse de que el niño quede bien muerto?

Todo tiene que tener un dato científico, y si este no conviene, estadístico. El dato científico ya ha probado ampliamente la existencia de la vida humana desde el primer momento de la concepción. Pero para el tema aborto este dato no conviene. Entonces recurramos a las estadísticas y las usemos como conviene. Propongo usarlas del otro lado: hay medio millón de muertes de niños por abortos clandestinos. Mejoremos la asistencia a las madres embarazadas; propongamos encarcelamiento para los padres que inducen, u obligan o abandonan a la mujer que embarazaron. ¿No es terrible que el feminismo luche por el derecho a abortar y no se oponga al machismo que abandona a la mujer cuando se embarazó? Parece que para ambos el niño es una molestia. Lo cierto que es más conveniente inducir a la mujer a abortar, a sobrellevar el síndrome post aborto y a matar al niño; todo eso es más conveniente que cuidar a una mujer embarazada, asistirla psicológicamente o materialmente para que pueda llevar adelante su embarazo y parto; o recibir ese niño abandonado y buscarle un hogar.

domingo, 13 de mayo de 2012

HECHA LA LEY, HECHA LA TRAMPA

Siguiendo el razonamiento de los Senadores, el sólo diálogo en el Senado crea una sensación de inseguridad tan grande como la ley aprobada. Hay muchas dudas sobre cómo seguirá la historia. Yo me pongo a pensar en las viejitas que vemos en los geriátricos y a quienes acercamos a Jesús Eucaristía. ¡Con cuánta lucidez lo reciben y no parecen tener ninguna diferencia entre los sentimientos nuestros ante el misterio Eucarístico y los de esas personas que parecen totalmente perdidas de la realidad. Otro tanto es la maravillosa experiencia de aquellos que reciben el Sacramento de la Unción de los enfermos en situación terminal y no sólo salen de ese estado comatoso sino que llegan a la salud completa. Y eso no me lo contaron. Lo viví más de una vez me sigo alegrando del misterio de la vida humana que no puede quedar reducida a una consideración práctica sobre el sufrimiento humano.

Me imagino los cientos de ciudadanos argentinos que pensarán en situaciones similares vividas desde sus experiencias de amor incuestionables, irrepetibles. Si de experiencias se trata, claro.

Pero aún así, aunque yo no tuviera esas experiencias ni nadie más lo hiciera, ¿seríamos por eso autorizados a disponer de la vida de otro? ¿Es más, estamos autorizados a disponer del fin de la vida propia? Como siempre ha pasado en nuestra Argentina eufemista (y nunca pensé que este adjetivo llegara a tener tanto uso práctico) se utilizan estas mismas frases para llenarnos la cabeza de falacias (juicios falsos) Acostumbrémonos a estas palabras para poder discernir las cosas como son, porque últimamente son más usuales de lo que parecen.

Sí. Se quiere identificar el provocar la muerte como una consideración de derecho humano. Para justificarlo se dice que la muerte también forma parte de la vida (chocolate por la noticia). Todavía más audazmente y falazmente se dice que vivir es un mandato social y por lo tanto por qué no cambiarlo por el morir que al fin y al cabo son realidades de la vida. Si el espíritu de muerte ha llegado a nuestra sociedad, ha logrado escalar hasta el lugar mismo de la custodia del bien social.

Pero digamos las cosas claras para no hablar de algo que suponemos. La nueva ley llamada de la "muerte digna" es similar en sus motivaciones a la pretendida ley del aborto. El derecho a decidir. Nada más que aquí tiene dos vertientes muy delicadas: la decisión del que sufre y quiere morir, y la decisión de los parientes que también tienen poder de decisión sobre su pariente que sufre. Desde este segundo punto de vista esta ley de la muerte digna es similar a la pretendida ley del aborto: se trata de que una persona tiene derecho a matar a otra para no sufrir ella. Es más, la consideración es la decisión de que el que vamos a matar deje de sufrir. Así lo plantean quienes argumentan el aborto en casos de pobreza, o de familias numerosas. ASí lo plantean quienes dicen que están cansados de ver sufrir a su ser querido y es mejor dejarlo morir. No puedo evitar pensar en aquellos lugares donde se tiene a perros en estado calamitoso y a nadie se les ocurriría sacrificarlos, sino que los cuidan hasta el final de sus vidas, ¡hasta cambiándoles pañales! Disculpas por los que son sensibles a estos seres irracionales, pero me hace sentir muy mal que no se tenga el mismo sentimiento de compasión por el ser racional. Y dentro de todas las cosas anormales que vemos, tener que decir esto es la consecuencia de la decadencia social en la que estamos sumergidos.

Son varios los puntos de consideración que hay que hacer sobre esta nueva ley nefasta de nuestro País. Pero ahora sólo consideraré algunos.

Aparece como una motivación importante que nuestro País se ponga a la altura de las exigencias de la ONU, que se encuentra abocada a la reingeniería social para diseñar un sistema de Países donde los individuos hayan perdido en lo posible toda su capacidad de ser sociedad para ser simples individuos, lo cual hará que el sentido de Nación desparezca para dar lugar a una humanidad amorfa y perfectamente gobernable. Considerar la ONU como la referente del bien social de nuestro País es una nueva forma de colonialismo y de sometimiento a una superpotencia ideológica. La profundización de los derechos humanos que se propone la ONU con, incluso sanciones a los países que no se someten a sus disposiciones sobre hechos soberanos, es hoy mucho más incidente y peligroso como recurso de dominio sobre las naciones y su autonomía. No cabe duda de que la manipulacion de los medios de comunicación, de la información y el manejo de un sector social que pretende una anarquía social, son los causantes de esta revuelta de valores que impide el desarrollo del País en lo que hace a factores decisivos de su vida presente y futura.

Resulta que morirse es un derecho. No creo que alguien se le ocurra conculcarlo. ¿Habrá alguien capaz de negarle el morir a alguien? No conozco ningún inmortal que camine por las calles de nuestro País reclamando que se atienda "su derecho". ASí aparece el argumento, pero claramente después, a la hora de las consideraciones no se atiende a este otro hecho fundamental: la vida es un don recibido del que no podemos disponer. Digo yo, cuando un adolescente se quiere suicidar, ¿salen los padres a evitarlo sólo porque lo quieren o por la misma vida del adolescente? Pues aquí, esta nueva ley no apunta a cuidar al que padece el mal sino al que lo observa desde afuera. Es para proteger del sufrimiento a quien ve el dolor de otro. Es mejor no verlo, es mejor no sufrir por él. Mejor vamos a decir que es más compasivo que él no sufra,  así que lo dejemos morir. Dejar morir no es amar. Ayudar a vivir dignamente es amar.